La tarde del sábado terminó convertida en una escena de angustia en la playa de Costacabana, en la capital almeriense, donde una niña de 12 años murió después de desaparecer mientras se bañaba en el mar.
La alerta entró en el sistema de emergencias a las 18:55 horas, cuando se comunicó que se había perdido el rastro de la menor en el agua, un aviso que activó en minutos un despliegue de búsqueda en la zona.
En el operativo participaron efectivos de la Policía Nacional, la Policía Local, el servicio de emergencias sanitarias 061, Salvamento Marítimo, Protección Civil y el servicio municipal de playas.
La rapidez del dispositivo no evitó que cada minuto pesara como una losa, porque la prioridad absoluta era localizar a la niña antes de que el mar cerrara cualquier posibilidad de rescate con vida.
Poco después del aviso, Salvamento Marítimo logró encontrar a la menor y sacarla hasta la orilla, donde los sanitarios iniciaron de inmediato maniobras de reanimación cardiopulmonar.
Los intentos de RCP se prolongaron sin éxito y finalmente no fue posible revertir la situación, de modo que el rescate acabó confirmando el peor desenlace en plena playa.
La muerte de la menor quedó situada además en un contexto especialmente sombrío, porque se convirtió en el segundo ahogamiento mortal registrado en la provincia de Almería en apenas unas horas.
Ese mismo sábado, una mujer de 31 años también perdió la vida tras ser rescatada del agua en la playa de Los Muertos, en Carboneras, en otro episodio marcado por la violencia del mar.
Las informaciones coinciden en que la menor desapareció mientras se bañaba, un detalle que refuerza la brutalidad de un suceso que se desarrolló en segundos ante la imposibilidad de mantener contacto visual constante en el agua.
La secuencia dejó una estampa devastadora: búsqueda urgente, extracción del cuerpo hasta la arena, asistencia sanitaria a contrarreloj y una playa convertida en silencio tras el esfuerzo fallido por salvarla.
El caso volvió a poner el foco en la peligrosidad que puede adquirir el baño incluso en zonas concurridas, donde una pérdida de referencia durante apenas unos instantes puede desencadenar una tragedia irreversible.
También refleja la dificultad de los rescates en escenarios cambiantes, porque la respuesta fue inmediata y amplia, pero aun así el tiempo jugó en contra desde el instante en que se perdió el rastro de la niña.
La muerte de una menor en el inicio del verano golpea con una fuerza distinta, no solo por la edad de la víctima, sino por la crudeza de un final que llegó después de que todo el dispositivo disponible se movilizara para evitarlo.
En Costacabana quedó el eco de una tarde rota y la confirmación de otra tragedia en la costa andaluza, una de esas escenas que terminan con la arena en calma y una familia enfrentada a una ausencia imposible de asumir.
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