La investigación sitúa a dos hombres de 31 y 43 años en el centro de una cadena de robos de motocicletas que se movió por Barcelona y varios municipios del entorno metropolitano durante meses.
Los arrestos se produjeron los días 1 y 2 de julio en Granollers, después de que los Mossos d'Esquadra reconstruyeran un patrón que se repetía siempre de madrugada, cuando la calle ofrece menos testigos y más ruido de fondo.
A los detenidos se les atribuyen 16 sustracciones cometidas desde principios de enero, con una expansión progresiva desde los primeros golpes en Sant Martí y el Eixample hacia otros distritos de la capital catalana.
Con el paso de las semanas, la ruta delictiva también alcanzó Sant Andreu, Gràcia, Horta-Guinardó y Les Corts, además de municipios como L'Hospitalet de Llobregat, Badalona y la propia Granollers.
El grupo no actuaba al azar: buscaba motocicletas con características concretas, las seleccionaba antes del golpe y regresaba por ellas entre las cuatro y las seis de la mañana.
Ese margen horario les daba una cobertura precisa, porque coincide con el inicio de la actividad de reparto y facilita camuflar movimientos extraños entre furgonetas y tráfico de servicio.
Uno de los sospechosos localizaba primero el objetivo y después avisaba al conductor de una furgoneta de alquiler, que acudía al punto fijado para cargar la moto y desaparecer en pocos minutos.
Antes de sacar el vehículo de la zona, inutilizaban el sistema de geolocalización para cortar cualquier intento inmediato de rastreo por parte del propietario y ganar tiempo en la huida.
Los investigadores sostienen que varias motos eran trasladadas a una finca privada de Vilafranca del Penedès o a una antigua granja situada en Roca del Vallès, espacios apartados que servían como escondite.
En algunos episodios, la furgoneta cargada quedaba estacionada en un lugar aislado hasta comprobar si el dueño había logrado seguir la señal o movilizar a la policía tras la sustracción.
El avance del caso se apoyó en vídeos grabados por vecinos con sus teléfonos móviles, imágenes de gasolineras y la lectura de matrículas mediante el sistema LECTIO, que permitió encajar trayectos y movimientos.
El valor de las motocicletas robadas supera los 104.000 euros, una cifra que refleja la dimensión económica de una serie de golpes cometidos con método, repetición y conocimiento del terreno.
Parte de los vehículos pudo ser recuperada y devuelta a sus dueños, mientras la investigación incorporó a una tercera persona como investigada al detectarse su presunta vinculación con las sustracciones.
Los dos detenidos pasaron a disposición judicial el 3 de julio y arrastraban un pesado historial policial: uno acumulaba más de 14 antecedentes, seis de ellos por hechos similares, y el otro nueve por robos, daños y presunta integración en grupo criminal.
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