La noche cayó sobre la calle Andrade con una escena imposible de borrar: dos niños de 8 y 4 años salieron descalzos de su casa después de ver cómo su padre atacaba a cuchilladas a su madre dentro del piso familiar.
El crimen ocurrió en el distrito de Sant Martí, en Barcelona, donde la víctima, una mujer de 34 años y nacionalidad brasileña, fue hallada en estado crítico cuando llegaron los primeros agentes.
La alerta entró a las 19:47 horas por una agresión en un domicilio, y la respuesta policial llevó a varias patrullas hasta la vivienda donde la mujer yacía gravemente herida.
Los servicios de emergencias intentaron reanimarla allí mismo, pero las lesiones eran demasiado severas y solo pudieron confirmar su muerte poco después.
La reconstrucción inicial apunta a que el agresor la apuñaló hasta seis veces delante de los menores, que quedaron atrapados en el centro de una violencia que estalló dentro de su propia casa.
En medio del ataque, los dos hermanos lograron escapar a la calle y pedir ayuda a los vecinos, una reacción desesperada que resultó clave para movilizar la asistencia y activar la búsqueda del sospechoso.
Ese detalle convirtió la huida de los niños en el corazón más brutal del caso: no solo presenciaron el asesinato de su madre, sino que tuvieron que correr para salvar su propia vida.
El presunto autor abandonó el lugar tras la agresión y, durante las horas siguientes, las fuerzas de seguridad desplegaron un dispositivo para localizarlo.
La investigación sostiene que el hombre acabó entregándose de madrugada en una comisaría del distrito del Eixample, y su detención se produjo sobre la 1:25 horas del miércoles.
Otra de las líneas que manejan los investigadores es que pudo haber una preparación previa, con indicios que apuntan a una acción meditada antes de subir al piso donde se desencadenó el ataque.
El vecindario también arrastraba señales inquietantes, porque algunos residentes aseguraron haber escuchado gritos y amenazas en otras ocasiones, aunque nada evitó el desenlace fatal de esa tarde.
La muerte de la mujer se estudia como un nuevo crimen machista, en un contexto en el que las autoridades elevaron el recuento de víctimas y subrayaron que los dos menores han quedado huérfanos por la violencia ejercida en su propio hogar.
El caso dejó además una imagen devastadora para la comunidad: los niños pidiendo auxilio en la calle mientras dentro del piso aún se libraban los últimos minutos de una agresión mortal.
Ahora la causa avanza hacia la vía judicial, mientras la ciudad asimila un asesinato que no solo terminó con una vida, sino que marcó para siempre a dos hijos que tuvieron que escapar del horror por sus propios medios.
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