Cantillana (Sevilla): muere un hombre de 55 años tras diez días ingresado por un golpe de calor sufrido en su casa


Un hombre de 55 años ha muerto en Sevilla después de pasar diez días ingresado por un golpe de calor que sufrió en su vivienda de Cantillana, un episodio que terminó convirtiéndose en otra cifra mortal dentro de una semana sofocante.

La exposición a las temperaturas extremas se produjo el 1 de julio en ese domicilio del municipio sevillano, pero la gravedad del cuadro obligó a su traslado y a un ingreso prolongado en el Hospital Virgen Macarena.

La muerte se confirmó este sábado 11 de julio, cuando el caso ya arrastraba días de evolución clínica y se sumaba a una cadena de episodios que están golpeando con fuerza a la provincia.

Con este fallecimiento ya son cuatro las víctimas mortales atribuidas al calor en Sevilla desde el arranque de la temporada de altas temperaturas, y cinco en toda Andalucía.

Las autoridades sanitarias andaluzas indicaron además que el hombre presentaba antecedentes personales considerados factores de especial riesgo dentro del protocolo autonómico activado frente a los efectos del calor extremo.

Ese detalle dibuja una escena todavía más frágil: no se trató solo de una jornada abrasadora, sino de un contexto en el que cualquier vulnerabilidad previa podía empujar el cuerpo al límite.

Los datos oficiales acumulados desde el inicio de la temporada hablan de 1.081 urgencias relacionadas con patologías por calor en Andalucía, una presión asistencial que muestra hasta qué punto la ola térmica está dejando rastro.

De esas atenciones, 747 se resolvieron en atención primaria y 334 en el ámbito hospitalario, una distribución que refleja tanto la extensión del problema como la gravedad de parte de los casos.

En la comunidad se han contabilizado 18 golpes de calor que requirieron ingreso hospitalario, y todos ellos necesitaron atención médica intensiva desde el primer momento.

Siete pacientes seguían ingresados cuando se actualizaron esos datos, mientras que cinco ya habían fallecido, un balance que convierte cada nuevo caso en una advertencia mucho menos abstracta.

La secuencia reciente en Sevilla resulta especialmente dura: el 9 de julio murió una mujer de 59 años, el 8 de julio falleció un hombre de 48, y el 3 de julio perdió la vida otra mujer de 71 años en Sanlúcar la Mayor.

Antes de esos casos, el 23 de junio ya había muerto un vecino de 68 años en Almería, de modo que el mapa andaluz del calor mortal lleva semanas ampliándose con una regularidad inquietante.

La historia de Cantillana deja además una imagen concreta y perturbadora: el golpe de calor no se desencadenó en una carretera ni en una faena a pleno sol, sino dentro de una casa, en el espacio donde se supone que alguien debería estar a salvo.

Ese cierre vuelve la noticia más áspera, porque detrás del recuento oficial queda la evidencia de que el calor extremo ya no funciona como una amenaza lejana, sino como una presencia capaz de entrar en un domicilio, arrasar el cuerpo y dejar otra muerte sobre Sevilla.

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