El amanecer del 19 de julio dejó una escena devastadora en la carretera de Cala Mesquida, en Capdepera, donde un turista de 55 años murió atropellado y su cuerpo desapareció de la vista en mitad de la vegetación.
El golpe fue tan violento que la víctima salió despedida desde el punto del impacto hasta una zona de garriga espesa, a varios metros de la calzada, en un lugar que no podía verse desde la carretera.
El siniestro ocurrió a primera hora de la mañana, entre las 6.30 y las 7.00, cuando el hombre se encontraba en el entorno de la vía y todo apunta a que estaba haciendo deporte cerca de la zona costera.
Los primeros indicios confirmaban que alguien había sido arrollado, pero el cuerpo no aparecía, y ese vacío convirtió la intervención en una búsqueda contrarreloj marcada por restos dispersos y una ausencia imposible de ignorar.
Guardia Civil, Policía Local y sanitarios del 061 se desplegaron en el lugar mientras rastreaban el margen de la carretera en círculos, conscientes de que la violencia del impacto había desplazado a la víctima fuera del campo visual inmediato.
La maleza terminó ocultándolo casi por completo, y esa densidad vegetal obligó a prolongar durante más de dos horas una búsqueda que avanzaba entre ramas cerradas, terreno irregular y una visibilidad mínima.
Cuando por fin localizaron el cadáver, comprobaron que había quedado atrapado entre matorrales, en una zona de acceso muy difícil que exigió refuerzos para poder llegar hasta él y recuperarlo con seguridad.
Los Bomberos de Mallorca tuvieron que intervenir con motosierras para abrir un paso entre la vegetación y facilitar la extracción del cuerpo, una maniobra que prolongó todavía más una mañana ya marcada por la crudeza del hallazgo.
El levantamiento no pudo completarse hasta entrada la mañana, después de un operativo que dejó al descubierto hasta qué punto el cuerpo había quedado escondido a escasa distancia de la carretera.
La víctima estaba alojada con su familia en un hotel de la zona y pasaba unos días de vacaciones en Mallorca, un viaje que acabó convertido en una muerte súbita junto a una vía secundaria del municipio.
El conductor implicado no detuvo de inmediato su marcha tras el atropello y terminó siendo localizado e investigado después de volver al entorno del siniestro, donde los agentes hallaron también su vehículo con daños frontales compatibles con el impacto.
La prueba de alcoholemia dio resultado positivo y esa circunstancia agravó desde el primer momento la investigación abierta por homicidio imprudente y por una posible omisión del deber de socorro.
Las primeras comprobaciones apuntan además a una colisión de enorme intensidad, con restos de la víctima aparecidos en distintos puntos, un dato que refuerza la idea de una secuencia especialmente violenta.
En Capdepera queda ahora la imagen de una carretera tranquila convertida en escenario de horror, con un cuerpo escondido entre la garriga y una búsqueda de horas que terminó revelando la dimensión real de la tragedia.
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