La madrugada del 20 de julio dejó una escena devastadora en Ciudad Rodrigo, Salamanca, cuando una celebración por la victoria de España en el Mundial terminó con la muerte de un menor de 13 años.
El derrumbe ocurrió en la fuente de la Glorieta del Árbol Gordo, un punto del municipio al que acudieron numerosos jóvenes mientras la euforia se extendía por las calles después del partido.
Según los datos coincidentes de los servicios de emergencia y de las primeras informaciones difundidas durante la mañana, el aviso entró en torno a las 00:33 horas tras el colapso parcial de la estructura.
La víctima estaba dentro de la fuente junto a otros chicos cuando una parte de la piedra cedió por la presión acumulada y uno de los fragmentos cayó sobre él con violencia.
Varios agentes de la Policía Local llegaron de inmediato y comenzaron a retirar restos del derrumbe para intentar liberar al menor atrapado entre la estructura vencida.
La gravedad de las lesiones hizo imposible revertir la situación y el adolescente acabó falleciendo, en una noche que pasó en segundos del ruido de la fiesta al silencio del pánico.
Además del menor muerto, otras tres personas resultaron gravemente heridas en el mismo derrumbe, lo que confirmó desde el primer momento la magnitud real de la tragedia.
El servicio de emergencias 1-1-2 movilizó a la Policía Local, a la Guardia Civil de Salamanca, a los Bomberos de la Diputación y a los recursos sanitarios de Sacyl para atender a los afectados.
Los heridos fueron asistidos en el lugar y trasladados después al centro de salud de Ciudad Rodrigo, mientras también se activaba apoyo psicológico para los familiares golpeados por la noticia.
Con el paso de las horas, el impacto no se limitó al lugar del derrumbe: toda la localidad empezó a asumir que una noche pensada para celebrar un triunfo deportivo había quedado marcada por una muerte irreparable.
El Ayuntamiento expresó su dolor públicamente y decretó tres días de luto oficial, una medida que convirtió el ambiente festivo de la madrugada en un duelo visible para todo el municipio mirobrigense.
El consistorio trasladó sus condolencias a la familia y a los amigos del menor y deseó una pronta recuperación a los heridos, mientras la imagen de la fuente dañada se convertía en el símbolo de lo ocurrido.
La tragedia abrió además una pregunta incómoda sobre los riesgos de estas concentraciones espontáneas alrededor de estructuras urbanas que no están pensadas para soportar peso ni aglomeraciones en plena celebración.
En Ciudad Rodrigo, el recuerdo de la victoria quedó sepultado por otro recuerdo mucho más duro: el de una piedra desplomada, varios jóvenes heridos y un niño de 13 años que ya no volvió a casa.
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