Fuga en Barcelona: desaparece durante una salida de prisión el condenado por el crimen de la maleta


La fuga llegó con una calma engañosa. Un hombre condenado por matar y descuartizar a su compañero de piso en Barcelona no regresó a la prisión de Quatre Camins después de una salida programada y volvió a poner en circulación un nombre ligado a uno de los episodios más brutales ocurridos en la ciudad en 2022.

El interno cumplía una pena de diez años y tres meses de cárcel por el homicidio y por la profanación del cadáver de la víctima, a la que mató pocos días después de instalarse en el piso donde le habían alquilado una habitación. A esa condena se sumaban cinco años de libertad vigilada una vez terminara su estancia en prisión.

Los hechos por los que fue sentenciado se remontan al 23 de noviembre de 2022, en un inmueble de la calle Casanova. La convivencia apenas había empezado y ya había derivado en una escena de violencia extrema que acabaría dejando un rastro físico imposible de borrar del todo, aunque el autor intentara hacer desaparecer el cuerpo por partes.

Después del crimen, el condenado descuartizó el cadáver y repartió restos en una maleta y otros puntos de desecho del Eixample. El hallazgo de una parte del cuerpo dentro de un contenedor, entre la calle Casanova y la avenida de Roma, abrió una investigación que entonces sacudió a Barcelona por la frialdad del método y por el esfuerzo desplegado para ocultar la muerte.

La evasión actual se produjo durante una salida programada fuera del recinto penitenciario. En ese trayecto, ya en Barcelona, el preso aprovechó una parada del vehículo en un semáforo de la calle Marina, bajó y se marchó antes de que los responsables de la actividad pudieran impedirlo, según coinciden las reconstrucciones conocidas del escape.

La alerta se activó en cuestión de minutos. Los responsables del traslado avisaron a los servicios de emergencias, a los Mossos d'Esquadra y al centro penitenciario, mientras se ponía en marcha un dispositivo de búsqueda para localizar a un fugado que no era un preso cualquiera, sino alguien condenado por una muerte especialmente violenta y por la mutilación posterior del cuerpo.

La causa judicial quedó cerrada en mayo de 2025 mediante una sentencia de conformidad. El acusado aceptó la condena y evitó así un juicio más largo, en un procedimiento en el que se le aplicó la atenuante de alteración mental por un trastorno de estrés postraumático crónico, un elemento que rebajó el marco penal, pero no desdibujó la crudeza de lo ocurrido.

Pese a esa atenuante, el relato de los hechos seguía dibujando una secuencia de enorme violencia: una muerte en el interior del piso, varios días de maniobras con el cadáver y la posterior dispersión de restos en contenedores del centro de la ciudad. Lo que ahora inquieta no es solo la fuga, sino la facilidad con la que ese historial ha vuelto a escaparse del perímetro de control.

Quatre Camins, situada en La Roca del Vallès, es una de las prisiones de referencia en Cataluña y las salidas programadas forman parte del régimen de tratamiento de algunos internos. Pero cuando una de esas salidas termina con un condenado por un crimen de esta dimensión desapareciendo en plena ciudad, el foco se desplaza de inmediato hacia los protocolos, la vigilancia y los márgenes reales de prevención.

El caso había dejado una marca oscura desde el principio porque no se trató solo de una muerte, sino de un intento posterior de fragmentarla y esconderla en el paisaje cotidiano de los residuos urbanos. Esa imagen de la maleta arrojada a un contenedor, encontrada por una persona que rebuscaba en su interior, fue la puerta de entrada a una historia que todavía conserva poder de estremecimiento.

El condenado permanecía en prisión desde el 3 de diciembre de 2022, cuando fue detenido pocos días después del crimen. Desde entonces, el procedimiento avanzó hasta sellar la pena acordada, pero la fuga ha roto esa línea de encierro y ha devuelto el caso a un terreno distinto: ya no se habla solo de lo que hizo, sino de dónde está ahora y cuánto tiempo puede permanecer ilocalizable.

La búsqueda policial se centra en reconstruir cada minuto de la salida y en averiguar si el hombre contaba con apoyo exterior o si improvisó la huida aprovechando la oportunidad del semáforo. Ese detalle no es menor. Determina si la evasión fue un acto súbito o una maniobra pensada con antelación suficiente como para preparar refugio, transporte o cobertura posterior.

En Barcelona, algunas noticias no desaparecen del todo: se quedan agazapadas, como si esperaran el momento de volver con una forma nueva. Esta ha regresado convertida en fuga, pero arrastra detrás el peso intacto del crimen original, el de un piso compartido convertido en escenario de muerte y un cadáver reducido a fragmentos para intentar borrar a la víctima del mapa.

A esta hora, el dispositivo continúa abierto y la prioridad es localizar al fugado antes de que pueda consolidar su desaparición. La alarma no nace solo de una evasión penitenciaria, sino de la memoria del caso que la acompaña: un asesinato brutal, un descuartizamiento posterior y la certeza de que el hombre condenado por aquellos hechos ha vuelto a perderse entre las calles de Barcelona.

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