El incendio de Los Gallardos ha dejado una escena devastada en Almería, con doce personas muertas y un vacío todavía más duro: ninguna de ellas ha podido ser identificada por ahora.
Los equipos forenses han trabajado durante horas sobre un terreno roto, con cuerpos calcinados y accesos difíciles, en una operación marcada por la urgencia y por la violencia con la que avanzaron las llamas.
Seis cadáveres fueron trasladados al Instituto de Medicina Legal de Almería y otros seis seguían pendientes de levantamiento en una zona donde cada maniobra exige tiempo, precisión y protección extrema.
Tras las primeras autopsias, las muestras biológicas recogidas fueron enviadas en helicóptero a Madrid para su análisis genético, el paso que ahora resulta imprescindible para poner nombre a las víctimas.
El estado de los cuerpos impide concretar con seguridad identidades, edades o nacionalidades, de modo que la confirmación oficial dependerá del trabajo del servicio de Criminalística de la Guardia Civil.
Mientras tanto, el balance de heridos se mantiene en ocho personas, cuatro de ellas con quemaduras graves que obligaron a su evacuación aérea hasta la Unidad de Quemados del Hospital Virgen del Rocío de Sevilla.
Las otras cuatro personas heridas continúan recibiendo asistencia médica en Almería, en paralelo a una búsqueda que todavía no da por cerrada la lista de afectados en uno de los incendios más letales de este siglo en España.
Las autoridades mantienen además la referencia de 23 personas sin localizar, una cifra que exige prudencia porque no equivale por sí sola a nuevas víctimas mortales, pero sí refleja el caos que siguió a la huida.
La propagación del fuego se vio empujada por viento sostenido del suroeste, con rachas de hasta 40 kilómetros por hora, un factor que convirtió varios caminos rurales en trampas y multiplicó la desorientación.
En la parte oriental del perímetro se aprecia una evolución más favorable gracias a maniobras de fuego técnico cerca de la autovía, pero el frente occidental sigue inquietando por su avance hacia áreas más abruptas.
La emergencia obligó a evacuar de forma preventiva a decenas de personas en El Marchal, en Lubrín, y provocó cortes en la A-7 y en la carretera AL-6109 para frenar el riesgo y facilitar el despliegue de los operativos.
La investigación judicial ha quedado en manos del Tribunal de Instancia 3 de Vera, mientras la Guardia Civil intenta reconstruir qué ocurrió en los minutos en que vecinos, turistas y residentes extranjeros quedaron cercados.
También se analiza el posible origen del fuego, con la atención puesta en la caída de un cable eléctrico en una jornada de calor extremo, baja humedad y una orografía que castigó cualquier opción de escape.
Ahora la tragedia espera en silencio a que el ADN complete lo que el incendio arrasó: la identidad de los muertos, la situación real de los desaparecidos y una verdad que todavía sigue entre ceniza, monte y miedo.
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