El mediodía del lunes 20 de julio terminó de la peor manera en la playa de Son Bou, en Alaior, donde un hombre de 62 años murió después de sufrir un ahogamiento mientras se encontraba en el agua.
La alarma saltó cuando varias personas comenzaron a pedir ayuda frente al islote de S'Escull de sa Galera, una zona próxima al arenal que quedó marcada por la urgencia en cuestión de segundos.
Un usuario dio la voz de aviso a los socorristas al ver que algo iba mal y que el bañista ya no reaccionaba con normalidad en medio del agua.
Cuando el equipo de vigilancia llegó hasta él, localizó a un varón de unos 60 años en parada cardiorrespiratoria, con la situación ya completamente desbordada por la falta de respiración.
Las personas que estaban cerca explicaron que la víctima se había desvanecido mientras se bañaba, un detalle que convirtió el rescate en una carrera contrarreloj desde el primer instante.
El socorrista activó el protocolo de emergencias por radio y empezó las maniobras de reanimación cardiopulmonar en la misma playa, tratando de sostener con vida al hombre hasta la llegada de más apoyo.
El traslado hasta la zona de la torre T3 se hizo para facilitar el acceso de los recursos sanitarios, porque ese punto ofrecía mejores condiciones para intervenir con rapidez y material médico.
Allí ya esperaban otros socorristas con un desfibrilador externo semiautomático y equipos de oxigenoterapia, preparados para mantener la asistencia mientras se acercaban las ambulancias.
Hasta Son Bou fueron movilizadas una ambulancia de soporte vital básico y otra de soporte vital avanzado, enviadas para reforzar una intervención que desde el inicio presentaba un cuadro crítico.
Los sanitarios continuaron con las maniobras de reanimación avanzada sobre la arena, encadenando intentos para recuperar el pulso y la respiración del bañista.
Pese a todos los esfuerzos desplegados en la playa, las medidas terapéuticas disponibles no consiguieron revertir la parada cardiorrespiratoria y el equipo médico terminó confirmando el fallecimiento.
La muerte dejó una escena de fuerte impacto en uno de los enclaves más conocidos de Menorca, convertido durante varios minutos en un espacio dominado por la tensión y el desconcierto.
El caso volvió a colocar el foco en la violencia con la que una emergencia acuática puede desarrollarse incluso en una playa vigilada, donde el margen de respuesta se mide en muy poco tiempo.
Con la intervención ya cerrada, lo único que quedó en Son Bou fue el rastro de una tarde quebrada por un rescate sin final posible y por la muerte de un hombre de 62 años en plena costa menorquina.
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