La tarde del domingo se quebró en Camarasa, Lleida, cuando un joven de 25 años murió ahogado en el río Segre tras lanzarse al agua desde una zona de rocas junto a otro compañero.
El aviso llegó a emergencias hacia las 14:15 horas, después de que un testigo alertara de que dos personas habían saltado al río y una de ellas había sido arrastrada por la corriente casi de inmediato.
La desaparición activó un dispositivo de búsqueda amplio en el entorno del Congost del Mu, una zona de paso estrecho donde el agua puede ganar fuerza y convertir unos segundos de baño en una trampa difícil de romper.
Los equipos desplazados movilizaron once dotaciones terrestres, un helicóptero con efectivos especializados del GRAE, personal de submarinismo y una embarcación para rastrear el cauce y las orillas cercanas.
Durante las labores también se pidió a la central hidroeléctrica de Camarasa que detuviera las turbinas para reducir el caudal del río y facilitar un rastreo más seguro en el punto donde el joven había desaparecido.
El cuerpo fue localizado alrededor de las 16:30 horas, enredado entre unas ramas en la orilla, a unos 50 metros río abajo desde el lugar en el que se había lanzado al agua.
Cuando los servicios de emergencia lograron sacarlo del río, iniciaron maniobras de reanimación en la misma zona, pero ya no fue posible devolverle la vida.
El hallazgo se produjo junto al antiguo campamento de la Canadenca, en un tramo muy conocido de Camarasa que atrae a bañistas en verano y que vuelve a quedar marcado por una muerte súbita y violenta.
El otro joven implicado en el salto consiguió salir del agua por sí solo y fue atendido en el lugar por el Sistema d'Emergències Mèdiques, aunque finalmente no necesitó traslado hospitalario.
Tras la recuperación del cadáver, los Mossos d'Esquadra asumieron el levantamiento del cuerpo y la investigación de lo ocurrido para reconstruir con precisión la secuencia de la caída y el arrastre.
La muerte eleva la preocupación sobre los riesgos de baño en aguas interiores durante el verano, especialmente en puntos donde la corriente, la profundidad y los obstáculos sumergidos cambian con muy poca distancia.
Una de las claves del operativo fue precisamente la combinación de corriente y vegetación en la orilla, un factor que puede inmovilizar a una víctima en pocos metros incluso cuando el salto parece controlado desde fuera.
En Camarasa y en otros tramos del Segre, los servicios de rescate llevan años enfrentándose a episodios parecidos en zonas de baño no preparadas, donde el paisaje transmite calma pero el fondo del río impone otras reglas.
Lo que comenzó como un salto al agua en plena tarde acabó con un cuerpo recuperado entre ramas, una investigación abierta y otra señal de alarma sobre el precio que puede esconder un río en apariencia sereno.
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