El silencio que quedó tras el rescate en El Hierro terminó rompiéndose con la peor noticia: el bebé de unos seis meses que había llegado en estado crítico desde un cayuco no logró sobrevivir.
El menor fue evacuado en helicóptero al Hospital de La Candelaria, en Tenerife, después de que los equipos sanitarios detectaran que su situación era extrema desde el mismo momento del desembarco.
Junto a él viajó también un adulto que, durante los días posteriores al rescate, no se separó del pequeño mientras ambos quedaban atrapados en la resaca humana de una travesía devastadora.
La embarcación había sido localizada en aguas cercanas a El Hierro después de que un pesquero alertara de su presencia en la zona de Tacorón, dentro del Mar de Las Calmas.
Salvamento Marítimo movilizó una embarcación de rescate y remolcó el cayuco hasta el puerto de La Restinga, donde la escena ya anticipaba la gravedad de lo que venía a bordo.
En aquella nave viajaban 165 personas hacinadas tras una ruta límite, con signos severos de agotamiento, deshidratación y un deterioro físico que obligó a desplegar asistencia urgente nada más tocar tierra.
Una mujer había muerto antes de completar la llegada, y el balance sanitario empeoró todavía más cuando varios ocupantes tuvieron que ser trasladados por el estado precario en el que habían alcanzado la costa.
Quince personas necesitaron ingreso hospitalario, entre ellas el bebé, que fue señalado desde el primer minuto como uno de los casos más graves de toda la operación de auxilio.
El traslado aéreo a Tenerife buscaba ganar tiempo frente a una situación crítica, pero la evolución del menor terminó confirmando que los daños sufridos durante la travesía habían sido irreversibles.
El caso vuelve a colocar sobre la mesa la brutalidad de las rutas migratorias hacia Canarias, donde cada llegada puede esconder horas o días de hambre, exposición al mar y ausencia total de asistencia médica.
La Restinga se convirtió otra vez en la puerta final de un viaje extremo, con sanitarios y rescatistas atendiendo a decenas de personas al límite mientras el puerto sumaba otra imagen imposible de borrar.
La muerte del bebé no apareció como un hecho aislado dentro del operativo, sino como la consecuencia más cruel de un trayecto que ya había dejado cadáveres y un reguero de cuerpos vencidos antes del desembarco.
En torno a la embarcación también quedó el rastro de una emergencia compleja, con derivaciones hospitalarias, atención escalonada en la isla y seguimiento de los casos más delicados fuera de El Hierro.
Al final, la noticia deja una estampa seca y brutal: un bebé que sobrevivió al mar solo durante unos días más, después de llegar a Canarias atrapado en una travesía que ya había empezado a matar antes de pisar puerto.
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