En Coruxo, varias familias aseguran que llevan alrededor de un mes viviendo con las persianas bajadas y las terrazas inutilizadas por la presencia constante de avispas velutinas alrededor de sus casas.
El foco del miedo está en varios nidos situados junto a las viviendas, algunos descritos por los vecinos como estructuras del tamaño de lámparas, demasiado grandes ya para ignorarlos sin asumir un riesgo evidente.
Los afectados relatan que la rutina diaria ha quedado alterada por completo, porque abrir una ventana, salir al jardín o dejar que los niños estén fuera se ha convertido en una decisión cargada de tensión.
La angustia se agrava, según los testimonios recogidos, por la presencia de menores y de personas alérgicas en la zona, un detalle que transforma el problema ambiental en una amenaza directa para la seguridad doméstica.
Una de las vecinas, Patricia Santamaría, resume la sensación de abandono con una frase seca: dice que han pedido ayuda decenas de veces y que, pese a las gestiones, el problema sigue delante de sus puertas.
Entre las quejas aparece también el uso reiterado del 012 para intentar activar una retirada, una vía que los residentes consideran insuficiente, lenta y especialmente frustrante cuando pasan los días sin una actuación visible.
Los vecinos sostienen que el error de fondo estuvo en no retirar los nidos cuando eran pequeños, porque la intervención temprana suele ser la única forma de evitar colonias grandes en pleno verano.
Con el calor y la actividad estacional de la especie invasora, cada jornada de espera añade más nerviosismo en una parroquia de Vigo donde las velutinas llevan años siendo un problema conocido y recurrente.
El caso de Coruxo no se presenta como un susto aislado, sino como el retrato de una convivencia forzada con una especie que ha extendido su presión sobre viviendas, fincas y espacios de uso cotidiano en Galicia.
En el entorno vecinal, la preocupación ya no se limita a las picaduras, sino también al desgaste psicológico de sentirse atrapados dentro de casa en pleno verano sin una fecha clara para recuperar la normalidad.
El relato de las familias coincide en un punto central: no hablan de una molestia menor, sino de un encierro de hecho, marcado por ventanas cerradas, salidas recortadas y una vigilancia constante del exterior.
La situación golpea además a quienes esperaban visitas familiares o vacaciones tranquilas, porque cualquier plan queda condicionado por la cercanía de los nidos y por el temor a una reacción grave ante una picadura.
Los especialistas llevan tiempo advirtiendo de que la detección y retirada temprana de nidos resulta clave para contener a la avispa velutina, precisamente para evitar escenarios como el que ahora denuncian estos vecinos.
Mientras no llegue una intervención efectiva, Coruxo sigue atrapado en una escena opresiva: casas cerradas, verano interrumpido y familias que miran a pocos metros de sus ventanas una amenaza que no desaparece.
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