La muerte llegó en Beneixama con la forma más brutal de las urgencias: un paro cardíaco y una carrera contrarreloj que terminó demasiado pronto.
La mujer fue atendida por una unidad del Servicio de Ayuda Médica Urgente desplazada desde Villena, pero aquella ambulancia no llevaba médico en su dotación.
Ese detalle, que en otro contexto podría parecer técnico, se convirtió en el centro de la indignación cuando el caso salió a la luz este 28 de julio.
El episodio no solo dejó una víctima mortal en la comarca del Alto Vinalopó, sino también una sensación de desamparo difícil de disimular entre vecinos y responsables públicos.
El alcalde de Villena, Fulgencio Cerdán, denunció que la ausencia de médico en ese servicio no era una anomalía aislada, sino una carencia que se repite con frecuencia.
Su advertencia fue directa: un SAMU sin médico no puede considerarse un recurso completo de emergencias cuando cada minuto decide si una persona sigue respirando o no.
Cerdán sostuvo además que los fines de semana esa falta de facultativo en la unidad de Villena ocurre muy a menudo, justo cuando la presión asistencial puede dispararse.
La denuncia añadió otro dato inquietante: en municipios próximos como Sax ya se habrían vivido situaciones en las que tuvo que intervenir una unidad llegada desde Elda.
La crítica política también apuntó a un problema más amplio en la provincia, con referencias a otras zonas donde se han detectado ambulancias SAMU operando sin médico.
La exigencia trasladada a la Conselleria de Sanidad es concreta: garantizar que cada ambulancia de emergencias sanitarias cuente siempre con la figura profesional prevista para atender estos avisos.
Detrás de esa reclamación no solo está el impacto de esta muerte, sino el temor a que la siguiente llamada al 112 vuelva a tropezar con una respuesta incompleta.
La herida pública se agranda porque la Comunitat Valenciana arrastra antecedentes recientes de reclamaciones y condenas por asistencias de emergencia en las que también faltó personal médico.
Cuando un infarto, un colapso o un paro cardíaco rompen la rutina, la diferencia entre llegar y llegar bien no es un matiz administrativo: puede ser la frontera entre vivir y morir.
Ahora el caso de Beneixama ha dejado una pregunta incómoda flotando sobre Villena y toda la comarca: cuántas veces más tendrá que repetirse una ausencia así antes de que alguien la cierre para siempre.
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