El caso de Ángeles Zurera: la desaparición que estremeció a Córdoba

Era la noche del 2 de marzo de 2008, en Aguilar de la Frontera, Córdoba.
Ángeles Zurera, una mujer de 42 años, madre y hermana querida en su pueblo, recibió una llamada.
Del otro lado de la línea estaba su expareja, un hombre con el que había mantenido una relación marcada por la tensión y los conflictos.
Ángeles salió de casa esa noche… y nunca más se volvió a saber de ella.

La denuncia de su desaparición se presentó al día siguiente.
De inmediato, la Guardia Civil organizó operativos de búsqueda: perros rastreadores, helicópteros, batidas por el campo y carteles con su rostro en cada esquina del municipio.
Vecinos y voluntarios se unieron a la familia con la esperanza de encontrar alguna pista.
Pero el rastro de Ángeles parecía haberse desvanecido en el aire.

Las sospechas recayeron rápidamente en Manuel Reina, su expareja y la última persona que la había visto con vida.
Su comportamiento en los días posteriores, las incoherencias en sus declaraciones y su historial de violencia apuntaban hacia él.
Sin embargo, faltaba lo más importante: el cuerpo de Ángeles nunca apareció.
Ese vacío de pruebas directas convirtió la investigación en un proceso largo y lleno de obstáculos.


Durante años, la familia luchó contra el silencio y la incertidumbre.
Convocaron manifestaciones, hablaron en los medios y exigieron justicia.
La ausencia de un cadáver parecía condenar el caso al archivo, pero la presión social y los indicios acumulados evitaron que quedara en el olvido.
El dolor se convirtió en una bandera de resistencia.

En 2014, seis años después de la desaparición, llegó la sentencia.
Un tribunal declaró culpable a Manuel Reina de homicidio, condenándolo a 20 años de prisión, pese a que el cuerpo nunca fue encontrado.
Era una decisión poco habitual en España, donde condenar sin cadáver resulta extremadamente difícil.
La justicia lo señaló como el responsable, pero el misterio sobre el paradero de Ángeles seguía intacto.


Hoy, más de 16 años después, la herida continúa abierta.
Su familia sigue sin un lugar donde llevar flores, sin saber cómo fueron sus últimos minutos y sin poder cerrar el duelo.
La condena trajo un alivio parcial, pero dejó intacta la pregunta más dolorosa: ¿dónde está Ángeles Zurera?

El caso se convirtió en un símbolo de lucha para las familias de desaparecidos en España.
Recordó que la justicia puede encarcelar culpables, pero no siempre logra ofrecer la verdad completa.
El eco de su historia resuena aún en Aguilar de la Frontera, donde cada aniversario se recuerda su nombre.


Ángeles tenía 42 años.
Quería rehacer su vida, dejar atrás una relación tormentosa y empezar de nuevo.
Pero la persona en la que un día confió se convirtió en la sombra que la borró del mapa para siempre.

Porque a veces, lo más aterrador no es solo perder a alguien…
sino que nunca vuelva a aparecer, dejando tras de sí un vacío imposible de llenar.

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