El Enigma de la Balsa Minera: Mari Trini y el Silencio de 38 Años



El final de 2025 trajo consigo un destello de esperanza para uno de los misterios más antiguos y dolorosos de la crónica negra española. En el concejo asturiano de Ribadesella, concretamente en la localidad de Berbes, la Guardia Civil y la Policía Nacional desplegaron un operativo sin precedentes en una antigua balsa minera. Buscaban respuestas que el lodo había ocultado durante casi cuatro décadas: el paradero de María Trinidad Suardíaz, conocida como Mari Trini, y su hija Beatriz, un bebé de apenas 13 meses que desapareció con ella sin dejar rastro en el verano de 1987.

La historia de Mari Trini es la crónica de un infierno doméstico anunciado. En los años 80, esta joven vivía atrapada en una relación marcada por el miedo y el control férreo de su marido, Antonio María da Silva, alias "El Portugués". La pareja residía entre Matadeón de los Oteros (León) y Asturias. Los vecinos de la época recordaban episodios escalofriantes, como las notas manuscritas que Mari Trini arrojaba desesperada por la ventana pidiendo auxilio, lo que motivó intervenciones puntuales de la Guardia Civil, aunque el terror siempre la hacía volver o callar.

El rastro de madre e hija se perdió definitivamente en julio de 1987. Mari Trini, que entonces tenía 25 años, había interpuesto una denuncia contra su marido por malos tratos, un paso valiente en una época donde la violencia de género se vivía de puertas para adentro. Estaban citados para un juicio en septiembre de ese mismo año, una vista judicial que podría haber cambiado su destino y haberle otorgado la libertad que tanto ansiaba.


Sin embargo, ni Mari Trini ni la pequeña Beatriz llegaron nunca a esa cita con la justicia. Desaparecieron semanas antes, como si la tierra se las hubiera tragado. "El Portugués" asistió solo a algunas gestiones y dio versiones contradictorias y vagas sobre el paradero de su familia, sugiriendo que se habían marchado voluntariamente o que estaban en el extranjero, coartadas habituales en los feminicidios de la época para ganar tiempo y sembrar duda.

Lo sorprendente del caso es el manto de silencio que lo cubrió durante años. No fue hasta 2001, casi quince años después de los hechos, cuando el hermano de Mari Trini formalizó la denuncia por desaparición. Este retraso, fruto quizás del miedo a "El Portugués" o de la desconexión familiar, jugó a favor del sospechoso, permitiendo que las pistas se enfriaran y que la memoria de los testigos se desdibujara.

La investigación se reactivó en varias ocasiones, como en 2016 y 2018, cuando la policía registró propiedades vinculadas a Da Silva en León y Asturias. En la casa de Berbes encontraron maletas con ropa de mujer y niño, documentación personal y cartas inquietantes donde Mari Trini pedía a su marido que se curara de sus problemas mentales. Sin embargo, los cuerpos no aparecían, y sin cuerpos, la justicia se topaba con un muro.

El gran vuelco llegó en octubre de 2025. Nuevos testimonios y análisis de la Unidad de Delincuencia Especializada y Violenta (UDEV) señalaron un punto concreto: una balsa de agua en una antigua explotación minera de Berbes, cerca de donde vivía la pareja. La hipótesis era macabra pero plausible: "El Portugués" podría haber arrojado allí los cuerpos ocultos dentro de vehículos viejos para hacerlos desaparecer en la profundidad del estanque.

Los trabajos de drenaje y búsqueda fueron titánicos. Los Grupos Especiales de Operaciones (GEO) de la Policía Nacional se sumergieron en aguas turbias y peligrosas, localizando en un primer momento dos vehículos hundidos en el fango. La noticia corrió como la pólvora: parecía que, por fin, se había encontrado la tumba de agua de Mari Trini y Beatriz. La comarca entera contuvo el aliento esperando la confirmación forense.

Mientras los buzos trabajaban en el lodo, la policía acudió a interrogar al principal sospechoso. Antonio da Silva, hoy un anciano de 81 años, reside en una residencia de la tercera edad en Zamora. Lejos de derrumbarse o confesar ante la cercanía de su final, mostró una frialdad calculadora. A las preguntas de los agentes sobre si su mujer y su hija estaban en la balsa, respondió con una frase lapidaria, a veces en francés: "Ni confirmo ni desmiento".


La actitud de "El Portugués" fue desafiante. Fingió lagunas de memoria y utilizó su supuesta senilidad como escudo, pero los investigadores percibieron a un hombre que seguía queriendo controlar la narrativa, disfrutando quizás de ser el único poseedor de la verdad. Sabía que, legalmente, el crimen podría estar prescrito, pero su silencio negaba a la familia el consuelo de un entierro digno.

La esperanza se transformó en mazazo a principios de diciembre de 2025. Tras extraer y analizar minuciosamente uno de los vehículos, una furgoneta que se creía clave, se confirmó que el modelo y la matrícula no correspondían con los de Da Silva. No había restos humanos en su interior. La pista que parecía definitiva se desvaneció entre el barro, obligando a suspender el operativo en la balsa ante la falta de resultados positivos.

La decepción fue absoluta para los investigadores y la familia. Se habían movido toneladas de lodo y agua basándose en indicios sólidos, pero la balsa de Berbes no devolvió a las víctimas. La policía confirmó el 4 de diciembre de 2025 que no había rastro de ellas en ese lugar, cerrando esa vía de investigación que había mantenido en vilo al país durante semanas.


A pesar del fracaso en la balsa, el caso no se ha cerrado policialmente. Los agentes de la UDEV saben que "El Portugués" es la clave, pero también saben que el tiempo se agota. La estrategia ahora se centra en encontrar alguna grieta en la mente del anciano o algún testigo que, viendo la repercusión mediática de 2025, decida hablar después de casi 40 años de silencio.

La tragedia de Mari Trini y Beatriz es el paradigma de la violencia machista más cruel: aquella que no solo quita la vida, sino que borra la existencia. El asesino no solo las mató, presuntamente, sino que les negó un lugar en el mundo, condenándolas a ser una interrogación eterna. La pequeña Beatriz, que hoy tendría casi 40 años, nunca tuvo oportunidad de crecer.

Legalmente, la situación es compleja. Aunque aparecieran los cuerpos hoy, es muy probable que Antonio da Silva no pudiera ser juzgado penalmente debido a la prescripción de los delitos según el Código Penal de 1973, vigente en el momento de los hechos. Sin embargo, la lucha actual ya no es por una condena de cárcel, sino por la verdad y la reparación moral de encontrar sus restos.


A día de hoy, finalizando 2025, el misterio continúa. Mari Trini y su bebé siguen esperando ser encontradas, mientras su presunto verdugo pasa sus últimos días en un asilo, guardando un secreto que pesa más que los años. Ribadesella ha vuelto a su calma habitual, pero la balsa minera quedará marcada para siempre como el lugar donde casi se toca la verdad con la punta de los dedos.

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