El 28 de diciembre está marcado en el calendario español como el Día de los Santos Inocentes, una jornada donde la mentira se disfraza de broma y la incredulidad es la norma. Sin embargo, en Alicante, el final de 2025 trajo consigo una verdad amarga que nada tenía que ver con el juego. Aquel domingo, Adrián T. y Alicia T., dos jóvenes de 33 y 34 años, desaparecieron de la faz de la tierra, convirtiendo la fecha festiva en el inicio de un cronómetro angustioso que aún no se ha detenido.
La ciudad levantina, iluminada por las luces de Navidad y el bullicio de las compras, fue el último escenario conocido de sus vidas. No se trata de adolescentes en una fuga impulsiva, sino de dos adultos con vidas construidas, cuyas rutinas se vieron interrumpidas de forma abrupta. La simultaneidad de su desaparición sugiere un vínculo en el destino, un hilo invisible que une a ambos en este misterio, aunque las circunstancias exactas de su partida siguen siendo una incógnita para el público.
Adrián T. es descrito por quienes le buscan como un hombre de 1,75 metros de estatura, con el pelo castaño y unos ojos azules que ahora miran desde los carteles de búsqueda pegados en farolas y compartidos en redes sociales. A su lado, en la alerta digital, aparece Alicia T., una mujer de 1,65 metros, de ojos color miel y cabello castaño adornado con mechas rubias. Son rostros comunes, cercanos, personas que podrías haberte cruzado en la Explanada o en el Barrio sin saber que estaban a punto de desvanecerse.
La asociación SOS Desaparecidos activó la alerta roja tras confirmar que la ausencia no era voluntaria ni temporal. El paso de las horas, que se convirtieron en días y luego en semanas, ha ido pesando como una losa sobre sus familiares. En las desapariciones, el tiempo es un depredador silencioso; las primeras 48 horas son cruciales, y ese umbral ya ha quedado dolorosamente atrás, dando paso a la fase de la incertidumbre crónica.
Lo inquietante del caso radica en el silencio. No hay testigos que relaten un conflicto público, ni rastro de un accidente en las carreteras cercanas que explique la ausencia de dos personas a la vez. ¿Se marcharon juntos? ¿Fueron interceptados por una tercera persona? Las hipótesis se acumulan en la mesa de los investigadores de la Policía Nacional, pero ninguna ha cristalizado aún en un hallazgo definitivo que permita a las familias descansar o llorar con certeza.
La coincidencia de la inicial "T" en sus apellidos ha generado especulaciones sobre su parentesco, reforzando la idea de que su desaparición es un suceso conjunto y no dos hechos aislados. La dinámica de una doble desaparición suele descartar la casualidad y apunta hacia eventos planificados o incidentes de fuerza mayor que atraparon a ambos en el mismo instante y lugar.
Alicante se ha volcado en la difusión de sus imágenes. Las redes sociales actúan como un gran altavoz ciudadano, donde cada "compartir" es un intento de iluminar la oscuridad que rodea a Adrián y Alicia. Sin embargo, el ruido digital contrasta con la falta de pistas físicas. No han aparecido sus teléfonos, ni movimientos bancarios que indiquen actividad, ni señales de vida que desmientan los peores presagios.
La entrada del año 2026, que para la mayoría significó uvas y propósitos nuevos, para estas familias fue una silla vacía y un teléfono mudo. La celebración se tornó en vigilia, esperando una llamada que confirmara que todo había sido un malentendido, una "inocentada" macabra que se fue de las manos. Pero la realidad es tozuda y, a mediados de enero, la ausencia sigue siendo la única certeza.
Las fuerzas de seguridad mantienen abiertas todas las líneas de investigación. Se rastrean señales móviles, se revisan cámaras de seguridad de la zona y se interroga al entorno para detectar cualquier fisura en la normalidad de los días previos. A veces, la clave de una desaparición reside en un detalle trivial que pasó desapercibido en su momento: una cita inusual, una llamada extraña o un cambio de rutina.
El caso de Adrián y Alicia nos recuerda la fragilidad de nuestra presencia. En una sociedad hiperconectada, donde todos estamos localizables a un clic, es aterrador comprobar lo "fácil" que resulta desaparecer. Su historia es un espejo oscuro donde nadie quiere mirarse, la prueba de que la seguridad puede evaporarse en un domingo cualquiera de diciembre.
La colaboración ciudadana es ahora el arma más potente. SOS Desaparecidos solicita que cualquier persona que crea haberlos visto, o que tenga información sobre su paradero, contacte con los teléfonos de emergencia 649 952 957 o 644 712 806. Un dato, por pequeño que parezca, podría ser la llave que abra la puerta de este enigma.
Mientras la ciudad de Alicante sigue su curso, en dos hogares el reloj se detuvo el 28 de diciembre. La esperanza se mantiene, pero se desgasta con el roce de los días. Adrián y Alicia no son solo dos nombres en una base de datos; son vidas interrumpidas que exigen ser encontradas.
El misterio de su paradero es una herida abierta en la crónica de sucesos de la provincia. Hasta que aparezcan, cada rincón de Alicante esconderá la pregunta que atormenta a sus seres queridos: ¿dónde están? La búsqueda continúa, porque el olvido no es una opción cuando hay dos huecos que llenar en la mesa.
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