Adamuz, Córdoba. 18 de enero de 2026. La tarde del domingo prometía ser una jornada rutinaria de retorno para miles de viajeros que conectaban el sur de España con la capital. Sin embargo, a las 19:40 horas, el sistema de alta velocidad español sufrió uno de los golpes más duros de su historia reciente. En el término municipal de Adamuz, concretamente a la altura del punto kilométrico 300 de la Línea de Alta Velocidad Madrid-Andalucía, la normalidad saltó por los aires dejando un rastro de destrucción y muerte.
El accidente involucró a dos trenes de última generación que circulaban a gran velocidad. El primero, un convoy de la operadora Iryo (modelo ETR 1000) que cubría la ruta Málaga-Madrid con alta ocupación, sufrió un descarrilamiento en su parte trasera al paso por el Puesto de Adelantamiento y Estacionamiento de Trenes (PAET) de Adamuz. La inercia de la velocidad, cercana a los 200 km/h en ese tramo, provocó que los últimos vagones perdieran la verticalidad e invadieran el gálibo de la vía contigua.
La fatalidad quiso que, en ese preciso instante, circulara en sentido contrario (dirección Sevilla/Huelva) un tren Alvia de Renfe. El maquinista del convoy de Renfe no tuvo tiempo ni espacio para frenar ante el obstáculo repentino que se le vino encima. Se produjo una colisión lateral de altísima energía, un impacto que rasgó el fuselaje de varios vagones y provocó el vuelco de las cabezas motrices y coches de pasajeros hacia el talud exterior de la vía.
El estruendo fue percibido por los habitantes de las fincas cercanas como una explosión seca, seguida de un silencio aterrador y, poco después, de los gritos de auxilio. La zona, de difícil acceso orográfico y rodeada de olivares, quedó sumida en la oscuridad de la noche invernal, complicando desde el primer minuto la evaluación de daños por parte de los supervivientes que lograban salir por sus propios medios.
La respuesta de los servicios de emergencia fue masiva pero compleja. El 112 de Andalucía recibió las primeras llamadas a las 19:42 horas. Se activó inmediatamente el Plan Territorial de Emergencias de Andalucía en fase 2. Hasta el lugar se desplazaron efectivos del Consorcio Provincial de Bomberos de Córdoba, Guardia Civil, Policía Nacional y decenas de ambulancias del 061 procedentes de Córdoba capital, Montoro y Villafranca.
El balance provisional de víctimas es desolador y amenaza con aumentar. Las autoridades han confirmado el fallecimiento de al menos siete personas en el lugar del siniestro. Entre las víctimas mortales se encuentran pasajeros de ambos trenes y se teme por la vida de la tripulación de cabina del tren Alvia, cuya cabeza tractora sufrió los peores daños estructurales tras el impacto y posterior vuelco.
La situación de los heridos es crítica. Se han contabilizado 25 personas con lesiones de gravedad o muy graves, que incluyen politraumatismos severos, quemaduras por fricción y amputaciones traumáticas. Los equipos médicos realizaron un triaje de guerra sobre el terreno, estabilizando a los pacientes bajo la luz de los focos generadores antes de su evacuación urgente.
La logística sanitaria ha puesto a prueba la capacidad de la provincia. El Hospital Universitario Reina Sofía de Córdoba ha habilitado dos plantas completas y reforzado sus unidades de UCI y quirófanos para recibir a la oleada de heridos. Asimismo, se han derivado pacientes menos graves al Hospital San Juan de Dios y a centros hospitalarios de Jaén, dada la cercanía geográfica del siniestro con la provincia vecina.
Adif ha comunicado la suspensión total de la circulación ferroviaria entre Madrid y Andalucía "sine die". Los daños en la infraestructura son catastróficos: catenarias arrancadas, raíles deformados y traviesas destrozadas a lo largo de 500 metros. Miles de pasajeros han quedado varados en las estaciones de Santa Justa (Sevilla), María Zambrano (Málaga) y Puerta de Atocha (Madrid), donde se viven escenas de angustia y confusión.
El ministro de Transportes y Movilidad Sostenible se ha desplazado de urgencia al Puesto de Mando Avanzado instalado cerca de la estación de Adamuz. En una breve comparecencia, visiblemente afectado, ha asegurado que "no se escatimarán recursos" para atender a las víctimas y que la prioridad absoluta es el rescate de posibles atrapados bajo los amasijos de hierro.
La Comisión de Investigación de Accidentes Ferroviarios (CIAF) ya ha enviado a sus peritos al lugar. La investigación preliminar se centra en dos hipótesis: un fallo en el cambio de agujas del PAET de Adamuz o una rotura del eje en el tren de Iryo que provocó el descarrilamiento inicial. Las "cajas negras" de ambos trenes serán clave para esclarecer por qué uno de los trenes más seguros del mundo perdió la estabilidad.
Los testimonios de los supervivientes son escalofriantes. María, una joven que viajaba en el coche 3 del Iryo, relató a la prensa local: "El tren empezó a vibrar muy fuerte, como si saltara, y de repente todo se apagó y empezamos a dar vueltas. Cuando paró, solo se oía gente llorando y olor a quemado". Muchos pasajeros tuvieron que romper las ventanas con los martillos de emergencia para escapar.
La solidaridad no se ha hecho esperar. Los vecinos de Adamuz y localidades cercanas han acudido con mantas, agua y sus propios vehículos todoterreno para ayudar a trasladar a los heridos leves y a los equipos de rescate hasta el terraplén, demostrando una vez más la calidad humana ante la tragedia.
En la estación de Córdoba se ha habilitado un centro de atención a familiares, donde un equipo de psicólogos de la Cruz Roja y trabajadores sociales está brindando contención emocional a quienes esperan noticias de sus seres queridos. El ambiente es de tensión contenida, con listas de pasajeros que se actualizan con una lentitud dolorosa para las familias.
Este accidente supone el mayor desastre ferroviario en España desde la tragedia de Angrois en 2013. Cuestiona la seguridad en los tramos de adelantamiento y pone bajo la lupa el mantenimiento de una red de alta velocidad que soporta una densidad de tráfico mucho mayor desde la liberalización del mercado y la entrada de nuevos operadores.
Mientras la noche avanza, los trabajos de excarcelación continúan con grúas de gran tonelaje llegando al lugar. Adamuz, un pueblo tranquilo de la sierra cordobesa, quedará marcado para siempre en la memoria colectiva como el escenario de una noche de pesadilla, donde el destino cruzó dos trenes y siete vidas se apagaron en un instante.
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