Alicante, 18 de enero de 2026. El litoral alicantino, conocido por su luz y su calma invernal, se ha teñido de luto este fin de semana. Lo que comenzó como una reunión tranquila de amigos para disfrutar del sol de enero en la Playa de San Juan, una de las zonas más emblemáticas de la ciudad, derivó en una tragedia fulminante que ha conmocionado a los vecinos y visitantes. Un joven de 19 años, cuya identidad se mantiene en el anonimato por respeto a la familia, ha fallecido víctima de una obstrucción mecánica de las vías respiratorias.
El grupo de amigos había decidido aprovechar las temperaturas suaves de la costa para realizar un picnic sobre la arena, una práctica habitual en la zona. Alrededor de las 16:30 horas, el joven se dispuso a comer una mandarina, una fruta común y aparentemente inofensiva. Sin embargo, en un instante de mala fortuna, uno de los gajos se deslizó hacia la glotis en lugar de seguir el tracto digestivo, provocando un atragantamiento total.
La reacción biológica fue inmediata y aterradora. El joven se llevó las manos al cuello, el signo universal de asfixia, incapaz de emitir sonido alguno o de toser para expulsar el cuerpo extraño. La obstrucción era completa, impidiendo el paso de oxígeno a los pulmones. Sus amigos, al percatarse de que no era una broma y ver el cambio de coloración en su rostro, entraron en pánico pero intentaron reaccionar con rapidez.
Varios de los acompañantes y otros bañistas que se encontraban cerca intentaron practicarle la maniobra de Heimlich, el procedimiento de primeros auxilios estándar para estos casos. A pesar de las compresiones abdominales repetidas, el gajo de fruta permaneció encajado firmemente en la tráquea, resistiendo los intentos de expulsión manual. La situación se deterioró en cuestión de segundos ante la mirada impotente de los testigos.
A las 16:35 horas, el Centro de Información y Coordinación de Urgencias (CICU) recibió la primera de varias llamadas angustiadas alertando del suceso. Se movilizó de inmediato una unidad del Servicio de Ayuda Médica Urgente (SAMU) y una unidad de Soporte Vital Básico (SVB), además de patrullas de la Policía Local de Alicante que se encontraban patrullando el paseo marítimo.
Los agentes de policía fueron los primeros en llegar al lugar, apenas unos minutos después de la alerta. Encontraron al joven ya inconsciente en la arena, en parada cardiorrespiratoria debido a la hipoxia severa (falta de oxígeno). Iniciaron inmediatamente las maniobras de reanimación cardiopulmonar (RCP) básica, intentando mantener el flujo sanguíneo mientras esperaban la llegada del equipo médico avanzado.
La ambulancia del SAMU llegó poco después, desplegando todo su equipamiento de soporte vital avanzado. El equipo médico procedió a intentar liberar la vía aérea utilizando laringoscopios y pinzas de Magill, herramientas diseñadas para visualizar la garganta y extraer cuerpos extraños. La tensión en la playa era palpable, con un silencio denso roto solo por las instrucciones de los sanitarios y los sollozos de los amigos.
A pesar de que lograron despejar parcialmente la vía aérea y continuaron con las maniobras de reanimación cardiopulmonar avanzada durante más de 40 minutos —incluyendo la administración de adrenalina y el uso de desfibrilador—, el corazón del joven no respondió. El tiempo que el cerebro había permanecido sin oxígeno había sido demasiado prolongado, causando daños irreversibles.
Cerca de las 17:30 horas, el facultativo del SAMU tuvo que tomar la difícil decisión de detener las maniobras. Se certificó el fallecimiento del joven "in situ". La escena, iluminada por la luz dorada de la tarde alicantina, se transformó en un escenario judicial, con la policía acordonando la zona y cubriendo el cuerpo para preservar la intimidad de la víctima ante la curiosidad de los transeúntes.
La comisión judicial se desplazó al lugar para el levantamiento del cadáver, que fue trasladado posteriormente al Instituto de Medicina Legal de Alicante. Allí se le practicará la autopsia reglamentaria, aunque todo apunta a que confirmará la asfixia mecánica por aspiración de cuerpo extraño como la causa única de la muerte, descartando otras patologías previas.
La atención también se centró en los acompañantes del fallecido. Un equipo de psicólogos de Cruz Roja tuvo que intervenir para asistir a los amigos y a la familia, que llegó al lugar poco después tras ser avisada. Las escenas de dolor fueron desgarradoras, con padres que no podían comprender cómo una tarde de playa había terminado en la morgue por culpa de una simple fruta.
Este tipo de accidentes, aunque parezcan insólitos, son una de las causas de muerte accidental más frecuentes en España. Según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), los atragantamientos se cobran más de 2.000 vidas al año, superando a menudo a los accidentes de tráfico. La mayoría ocurren con alimentos sólidos y en personas mayores, lo que hace que el caso de un joven de 19 años sea especialmente impactante.
Expertos en emergencias recuerdan que la mandarina, al tener piel en los gajos y una textura resbaladiza, puede comportarse como un "tapón" perfecto en la vía aérea si no se mastica adecuadamente o si se aspira accidentalmente al reír o hablar mientras se come. Es una fatalidad anatómica que no distingue de edad ni de estado físico.
El Ayuntamiento de Alicante ha expresado sus condolencias a la familia a través de un comunicado breve, respetando el duelo privado. La comunidad universitaria, a la que al parecer pertenecía el joven, también se encuentra en estado de shock, preparando actos de homenaje para los próximos días.
El suceso ha reabierto el debate sobre la necesidad de formación generalizada en primeros auxilios. Si bien se intentó realizar la maniobra de Heimlich, los médicos advierten que en casos de obstrucción total y "efecto vacío" del alimento, a veces incluso la técnica correcta no es suficiente sin instrumental médico inmediato.
La Playa de San Juan recuperará su ritmo habitual, pero para una familia de Alicante, este rincón del Mediterráneo quedará marcado para siempre. La muerte de este joven de 19 años es un recordatorio brutal de que la existencia pende de un hilo tan fino como el aire que respiramos, y que a veces, la tragedia se esconde en los detalles más cotidianos de la vida.
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