Matavenero: El Barranco Nevado Donde Terminó la Búsqueda de una Mujer Alemana (2026)


El 20 de febrero de 2026, el nombre de Matavenero volvió a sonar en El Bierzo (León) por un motivo que nadie desea: la búsqueda de una mujer alemana terminó en un barranco, bajo una capa de nieve, a pocos kilómetros de donde había sido vista por última vez.

Tenía alrededor de 50 años, era alta y delgada, y el rastro se le había perdido el sábado 14 de febrero entre Castrillo del Monte y los caminos que se abren hacia la ecoaldea. A partir de ahí, cada hora sin noticias fue una puerta que se cerraba un poco más.

En esas zonas, la montaña no hace concesiones. El frío muerde antes de que uno se dé cuenta, y la nieve cambia el paisaje como si quisiera borrar huellas, desdibujar sendas y convertir una tarde de paseo en una prueba de resistencia.

Cuando se activó el operativo, las patrullas recorrieron la última franja conocida: pistas, laderas, entradas a bosques, cruces sin cartel. No se buscaba una historia, se buscaba un cuerpo en movimiento, una señal mínima: una prenda, una mochila, una voz.

Los días pasaron con esa tensión silenciosa que se pega a los pueblos pequeños. En cada conversación aparecía el mismo temor: que la montaña no devuelve lo que se traga, o que lo devuelve tarde, cuando ya no hay nada que salvar.



La mañana del viernes se sumó el apoyo aéreo. Desde arriba, la nieve deja de ser un paisaje y se vuelve una superficie cruelmente limpia: el ojo recorre el blanco y espera encontrar la interrupción, la mancha imposible, el ángulo que no pertenece al terreno.

Fue el helicóptero el que permitió localizar el cuerpo sin vida en un barranco cercano a Matavenero. A esa distancia, todo se resume en una coordenada y un descenso; en tierra, en cambio, llega el peso real de lo encontrado.

Especialistas de rescate en montaña participaron en la operación para acceder a la zona y extraer el cadáver. En lugares así, incluso un paso mal dado puede convertir un rescate en otra emergencia; por eso cada maniobra se hace despacio, como si el aire también tuviera filo.

El traslado se realizó por vía aérea hasta Bembibre, donde quedó pendiente la autopsia. En ese punto la palabra que más duele es “pendiente”: pendiente la causa, pendiente el relato, pendiente la explicación que la familia necesita para poder respirar.

De momento, el final se sostiene sobre pocos datos firmes: una desaparición, un dispositivo de búsqueda, un hallazgo en un barranco. No hay un cierre fácil cuando el escenario es la intemperie y el tiempo juega en contra.

Castrillo del Monte quedó marcado como el último lugar donde alguien la vio. A veces, esa última mirada se convierte en un recuerdo punzante: el instante ordinario que, sin avisar, se transforma en el inicio de una pesadilla.

Matavenero, con su imagen de refugio en la sierra, también carga desde ahora con otra postal: nieve, silencio y la idea de que una persona puede desvanecerse a pocos metros de un camino sin que nadie la alcance a tiempo.

En los casos de desaparición, el entorno suele imaginar escenarios para protegerse: “se habrá desorientado”, “estará resguardada”, “aparecerá al anochecer”. Es una forma de aguantar. Pero cuando llega la confirmación, todo ese andamiaje emocional se derrumba.


Lo que queda, además del duelo, es una pregunta que nunca se formula en voz alta del todo: cuántas decisiones pequeñas —una ruta, una hora, una prisa, una confianza— separan una salida cualquiera del momento en que la montaña deja de perdonar.

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