Palma, madrugada del 18 de febrero de 2026. A las 05:25, cuando la ciudad aún es un puñado de luces quietas, una llamada de urgencia rompió el sueño en la entrada de Son Banya.
La escena no empezó con una sirena, sino con un gesto pequeño: una compra, una discusión breve, un cambio de punto de venta. Cosas que, en otro lugar, quedarían en nada.
Allí, esa discusión no se apagó. Se tensó en segundos, como una cuerda que no admite marcha atrás.
La víctima, un hombre de 40 años, decidió apartarse y marcharse. Ese paso, el de darse la vuelta, fue el último instante de calma.
El ataque llegó por el costado derecho: un navajazo a la altura del pulmón. No es una herida cualquiera; es un lugar donde el aire y la sangre se pelean por el mismo espacio.
Un testigo lo sostuvo como pudo mientras la sangre seguía saliendo. En esas madrugadas, el heroísmo no lleva uniforme: lleva manos temblando y trapos improvisados.
Cuando llegaron las patrullas y la ambulancia, el acceso quedó cerrado. Son Banya, por un rato, fue una frontera: dentro el miedo, fuera la curiosidad contenida.
Los sanitarios estabilizaron al herido y lo evacuaron al hospital. El trayecto en ambulancia es un túnel de minutos en el que se decide una vida.
En el bolsillo y en la ropa, había dinero en efectivo que fue intervenido. A veces, los objetos que quedan encima del cuerpo cuentan una historia que nadie quiere contar.
La investigación se centró en identificar al agresor y reconstruir el minuto exacto en que todo se torció. En un poblado, cada paso deja huella, pero también se confunde.
Se habló de una caseta con una bandera de Brasil cerca del lugar. Un detalle mínimo que, de pronto, se vuelve marca en el mapa mental de quienes estuvieron allí.
Días después llegó la detención. Cuando un hecho así ocurre de madrugada, el arresto nunca borra la imagen del suelo y el sonido de la respiración rota.
La decisión judicial dejó al detenido en prisión provisional. Para la víctima, lo importante era otra cosa: seguir vivo, volver a respirar sin miedo.
Son Banya no es solo un nombre asociado a la noche. También es un escenario donde, con demasiada facilidad, una discusión se convierte en sangre.
Palma amaneció con esa noticia pegada a la piel. Y a la hora del desayuno, la ciudad ya sabía lo mismo: que el peligro también entra por la puerta más habitual.
Palma, 18/02/2026: a las 05:25, una compra terminó en un navajazo a la altura del pulmón. Y la pregunta quedó suspendida: cuántos segundos bastan para cruzar la línea.
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