Santiago de Compostela, miércoles 24 de julio de 2013. Era la víspera de las fiestas del Apóstol y el tren Alvia entraba en la ciudad con la normalidad de un viaje más, hasta que llegó a la curva de Angrois.
El accidente ocurrió en el entorno de Santiago, en la parroquia de Angrois. No fue un lugar remoto: era una curva conocida, un punto fijo en el mapa que, desde ese día, quedó asociado a un nombre y a una fecha.
En segundos, un trayecto cotidiano se convirtió en un estruendo de metal. Los vagones se salieron de la vía y el ruido se oyó como un golpe seco que no encaja con la idea de un tren acercándose a una estación.
El balance fue devastador: 79 muertos. Esa cifra, repetida en titulares y actos de recuerdo, es el borde de una tragedia que se mide también en familias partidas.
Hubo además más de un centenar de heridos, y la noche de Santiago cambió de tono. La ciudad pasó del ambiente festivo a hospitales, llamadas, listas, y una ansiedad que se instaló en cada casa.
En el lugar del siniestro, los vecinos fueron los primeros en llegar. En Angrois, la reacción no fue de curiosidad: fue de manos extendidas, de linternas, de intentar sacar gente de entre hierros.
Los equipos de emergencia trabajaron durante horas entre vagones abiertos y una vía irreconocible. Cuando el tren se rompe, el paisaje se vuelve un rompecabezas: asientos, maletas, cristales y silencio.
El caso abrió un debate nacional sobre velocidad, señalización y seguridad ferroviaria. Porque el accidente no ocurrió en mitad de la nada: ocurrió donde un tren debía reducir y entrar en Santiago.
En los años siguientes, el dolor se volvió también búsqueda: de explicaciones, de responsabilidades y de un relato completo de lo que pasó en aquel minuto final.
La curva de Angrois dejó de ser un tramo técnico y pasó a ser un lugar de memoria. Un sitio al que se vuelve con flores, con fotos, con nombres.
Cada aniversario recordó la misma escena: una ciudad en shock y una pregunta insistente sobre cómo se evita que un error humano o un fallo de sistema termine en 79 muertes.
El accidente del Alvia se convirtió en uno de los siniestros ferroviarios más graves de la historia reciente de España. Y por eso, cada detalle se discute, se revisa y se compara.
A veces, una tragedia se define por el instante en que todo pudo ser distinto. En el Alvia, ese instante se llama Angrois y tiene una fecha: 24/07/2013.
Santiago no olvidó. Porque la víspera del Apóstol, que debía ser una noche de fiesta, terminó siendo una noche de duelo que sigue pesando, como un tren detenido en la memoria.
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