Soto de Ribera: La Rotonda de la N-630 y la Noche en que un Padre Murió con El Picón en Vilo



El 24 de febrero de 2026, un papel con membrete judicial volvió a levantar polvo en Soto de Ribera: en Oviedo, la Fiscalía pidió un internamiento de 30 años y 9 meses para el hombre que convirtió una rotonda de la N-630 en un lugar imposible de olvidar.

Detrás de esa cifra hay un vínculo de sangre y una casa en un núcleo mínimo: padre e hijo vivían bajo el mismo techo, a pocos metros de la glorieta del kilómetro 35,5, en El Picón, donde cuatro viviendas se miran como si nada pudiera romper la calma.

La noche de los hechos quedó clavada en una hora exacta: 21:55 del 8 de abril de 2024. En el interior del domicilio familiar, una discusión se calentó junto a una cocina y el primer objeto en entrar en escena fue un cuchillo doméstico.

El detalle que se repite en los relatos es brutal y concreto: la víctima llegó a sujetar la hoja del arma con la mano, en un gesto instintivo, como quien intenta detener el tiempo apretándolo con los dedos.

Cuando el ataque no se detuvo, apareció un segundo cuchillo, más grande, y después el trayecto corto al garaje: allí estaba guardada un hacha de grandes dimensiones, pesada, de esas que ocupan media pared y dejan el mango marcado en la palma.

El padre intentó huir hacia una vivienda cercana, a unos 50 metros, pidiendo auxilio con la voz rota. La puerta, sin embargo, no se abrió a tiempo, y esa distancia mínima —un camino de tierra y una respiración— no alcanzó para salvarlo.

Los golpes con el hacha acabaron con la vida del hombre de 74 años antes de que pudiera refugiarse. Después ocurrió lo que nadie en un concejo espera narrar: el cuerpo fue decapitado y la escena se movió a pie, hacia la rotonda que conecta con la nacional.

En el trayecto, el agresor fue desprendiéndose de ropa, como si la noche le quemara la piel. Cuando llegó a la glorieta, ya había coches frenando en seco, luces largas clavadas en la niebla baja y gritos incoherentes rebotando contra el quitamiedos.

Un conductor vio el hacha golpear el techo de su turismo y el metal sonar como una campana hueca. La mano buscó la manilla de la puerta izquierda, como si abrirla fuera el siguiente paso, y el coche arrancó con la única respuesta posible: huir.



Otro vehículo recibió un golpe seco y siguió, y un tercero acabó con el parabrisas marcado por un impacto tan fuerte que el hacha llegó a quedar clavada en el cristal. En esa rotonda, durante minutos, la N-630 dejó de ser carretera y se convirtió en un cuello de botella de pánico.

Hubo un momento aún más extraño: el agresor llegó a subirse al capó de un coche, causando desperfectos, y cayó al suelo cuando el conductor aceleró para quitárselo de encima. La escena se movía con arrancadas, frenazos y respiraciones cortadas.

Ya completamente desnudo, comenzó a golpear y lanzar la cabeza de su padre contra distintos vehículos que pasaban por la glorieta. Entre ellos, alcanzó también el coche de un agente de la Guardia Civil que estaba fuera de servicio.

Las llamadas de los conductores activaron la llegada de varias patrullas, y la rotonda se llenó de azules intermitentes y botas sobre el asfalto. Al ver a los agentes, el hombre arrojó la cabeza y lanzó amenazas de muerte, a voz en cuello, como si quisiera que le escuchara toda la comarca.

La reducción fue a corta distancia, con la ‘fuerza imprescindible’ y material reglamentario; incluso un guardia civil jubilado que estaba en la zona ofreció ayuda. Nadie de los agentes resultó lesionado, pero el lugar quedó sembrado de desperfectos y de un silencio que pesa más que el hierro.

El análisis psiquiátrico describe un trastorno de base y un brote psicótico breve aquel día, con ingreso urgente y contención mecánica hasta que remitió la fase aguda. El escrito pide, además del internamiento, medidas de alejamiento, control y libertad vigilada.



Dos años después, cuando cae la tarde sobre la misma glorieta y los coches vuelven a girar sin saber, la pregunta queda flotando en el aire frío de la N-630: ¿cuántas noches se quedan a vivir en un sitio, aunque el tráfico siga pasando como si nada?

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