Oviedo: El Doble Crimen De Vázquez De Mella Que Empezó En Casa


En Oviedo, la calle Vázquez de Mella amaneció el 19 de mayo de 2026 con una de esas escenas que rompen la normalidad de un barrio entero. En un piso del barrio de Vallobín, la Policía Nacional encontró muertos a un hombre y una mujer, y detuvo a otro hombre como presunto responsable de un doble crimen que empezó dentro de casa.

Las víctimas no eran desconocidas para el arrestado. La delegada del Gobierno en Asturias, Adriana Lastra, confirmó que la mujer fallecida era su hermana y que el hombre muerto era su cuñado. El caso nacía así con un vínculo íntimo, familiar, de esos que vuelven más difícil mirar la puerta de al lado sin preguntarse qué se estaba gestando dentro.

El escenario fue una vivienda de la calle Vázquez de Mella, una vía del Oviedo cotidiano, lejos de cualquier imagen de crimen preparado para titulares. Allí, en un domicilio del barrio de Vallobín, los agentes localizaron los dos cuerpos y activaron una investigación que desde el primer momento quedó tratada como un doble homicidio.

La Policía Científica y la Policía Judicial aseguraron el piso para trabajar sobre una escena todavía reciente. Había que fijar cada indicio, reconstruir movimientos, ordenar testimonios y separar lo que los vecinos habían escuchado durante días de lo que realmente ocurrió en las últimas horas dentro de la vivienda.

Los cadáveres fueron trasladados al Instituto de Medicina Legal de Asturias para la autopsia. Esa parte fría del proceso será decisiva: establecer las causas exactas de la muerte, el momento aproximado y la mecánica de unas lesiones que, según las primeras informaciones, apuntaban a una agresión con arma blanca.

El detenido, de 67 años, era conocido en el entorno del inmueble. Algunos vecinos lo describieron como un hombre con comportamientos erráticos y amenazas repetidas. Lo inquietante es que esas amenazas, que durante un tiempo pudieron sonar como otro episodio más de convivencia deteriorada, terminaron pesando de una forma devastadora.

Una vecina contó que el hombre se quejaba de que su hermana y su cuñado estaban en su vivienda como okupas. También relató que había llegado a decir que los iba a matar. La frase, escuchada antes del crimen, cambia de dimensión cuando se mira desde el final: ya no parece un estallido verbal, sino una señal que nadie pudo detener a tiempo.

El domingo por la mañana, según ese testimonio vecinal, el detenido habría pedido que llamaran a la Policía y habría insistido en que necesitaba ayuda. En el edificio ya había cansancio, miedo y una sensación de problema enquistado. Al día siguiente, las persianas bajadas y el silencio dejaron una imagen mucho más oscura.

El hallazgo de los cuerpos no llegó como una noticia abstracta. En el portal, los vecinos vieron entrar y salir a los agentes, supieron que el piso quedaba bajo investigación y comprendieron que aquella tensión doméstica había cruzado una línea irreversible. La violencia ya no estaba en rumores de escalera, sino en dos vidas apagadas.

La investigación deberá aclarar cómo se produjo exactamente el ataque, en qué momento murieron las víctimas y qué ocurrió con el detenido antes y después del crimen. En una causa así, cada hora importa: la llamada de aviso, los movimientos previos, las posibles visitas al piso y cualquier rastro que permita ordenar la secuencia.

También pesa el relato de que el arrestado había salido de prisión y arrastraba antecedentes violentos, un extremo citado en el entorno vecinal y que tendrá que ser encajado con prudencia dentro de la investigación. Lo relevante, por ahora, es que la Policía lo sitúa como presunto autor de la muerte de su hermana y de su cuñado.

El Juzgado de Guardia de Oviedo deberá decidir la situación procesal del detenido cuando avance la puesta a disposición judicial. Hasta entonces, la escena permanece marcada por el trabajo policial y forense, y por una pregunta que se repite en muchos crímenes familiares: qué señales estaban delante de todos y aun así no bastaron.

En Vallobín, el golpe no se limita al piso donde aparecieron los cuerpos. Un doble homicidio dentro de un edificio altera la memoria de todo el bloque: la puerta cerrada, los comentarios previos, los gritos desde la ventana, la frase repetida y el momento en que la Policía confirmó que ya no había marcha atrás.

La hermana y el cuñado del detenido quedan, de momento, sin nombre público en las primeras informaciones. Esa ausencia también cuenta algo: antes de cualquier expediente, eran dos personas que compartían una vivienda, una historia familiar rota y una última noche que ahora será reconstruida por otros desde fuera.

El caso avanza con cautela porque todavía faltan piezas esenciales. La autopsia, las declaraciones, los informes de Policía Científica y el análisis del entorno permitirán fijar lo que ocurrió en ese piso de Vázquez de Mella. Lo único firme ya es el resultado: dos muertos y un familiar directo detenido.

Oviedo seguirá con su ritmo, pero en Vallobín quedará la marca de una amenaza que dejó de ser ruido. La casa donde una familia se había fracturado terminó convertida en escena de doble crimen, y la calle Vázquez de Mella añadió a su rutina una memoria difícil de borrar.

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