La tarde del domingo se quebró de golpe en la Fontcalda, en Gandesa, cuando una roca se desprendió sobre la zona de baño y convirtió un paraje de aguas tranquilas en el escenario de una tragedia irreversible.
La víctima mortal fue una niña de 9 años que se encontraba bañándose en las pozas de los Estrechos de la Fontcalda, un enclave muy conocido de la Terra Alta al que cada verano acuden familias y excursionistas.
Junto a ella resultó herida de gravedad una mujer de 24 años, también alcanzada en el mismo episodio, en una escena de segundos que dejó a los presentes frente a una violencia tan repentina como imposible de frenar.
La alerta llegó a los servicios de emergencias a las 15:20 horas, momento en el que se activó un dispositivo con helicóptero del Grupo de Actuaciones Especiales de Montaña, personal médico del SEM y dotaciones terrestres de apoyo.
Cuando los equipos llegaron hasta la zona, el golpe ya había dejado su peor consecuencia. Los sanitarios intentaron asistir a la menor, pero no pudieron salvarle la vida en el mismo lugar del accidente.
La joven herida tuvo que ser extraída del paraje y evacuada primero hasta el campo de fútbol de la localidad, desde donde un helicóptero sanitario la trasladó en estado grave al Hospital Universitario Joan XXIII de Tarragona.
El impacto no quedó solo en las víctimas directas. Los familiares y acompañantes fueron atendidos en un espacio seguro habilitado por los Mossos d'Esquadra, con apoyo psicológico desplegado por el sistema de emergencias.
La Fontcalda es un espacio natural de acceso libre, encajado entre roca y agua, y esa mezcla de belleza y pared abrupta es precisamente la que vuelve más inquietante lo ocurrido en una jornada que parecía completamente normal.
La extracción del cuerpo de la niña se realizó más tarde, cuando la inspección inicial lo permitió, con intervención de la unidad de montaña policial y apoyo aéreo en una zona que exigía maniobras complejas.
El accidente abrió de inmediato una investigación para fijar cómo se produjo el desprendimiento y en qué condiciones cayó la roca desde las paredes que rodean las pozas donde se encontraban bañistas en ese momento.
En Gandesa, la noticia golpeó con una dureza especial porque no se trató de una carretera ni de una gran infraestructura, sino de un rincón asociado al descanso, al agua caliente y a los días de verano en familia.
La presencia de una menor entre las víctimas agrandó aún más la conmoción. Todo ocurrió en pleno baño, sin margen real para la reacción, en un lugar que en cuestión de instantes pasó del ocio al horror.
También quedó en primer plano la vulnerabilidad de ciertos enclaves naturales cuando el terreno se convierte en amenaza. No hizo falta una tormenta ni una crecida: bastó el desprendimiento de una roca para arrasar una tarde entera.
Al final, lo que queda en la Fontcalda no es solo el operativo, ni el ruido de los helicópteros, ni la investigación abierta. Queda la imagen de una niña de 9 años que murió bajo la piedra en un paisaje al que muchos habían ido buscando calma.
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