La estación de La Llagosta vivió este miércoles una escena de tensión fría cuando un contenedor de mercancías empezó a perder una sustancia catalogada como peligrosa y obligó a activar un operativo de emergencia en plena infraestructura ferroviaria.
La fuga se detectó en un tubo exterior del depósito, un punto pequeño en apariencia pero suficiente para disparar la alarma en una zona donde cualquier error podía extender el riesgo entre trabajadores, convoyes y accesos cercanos.
El producto implicado era monometilamina, un compuesto usado en procesos industriales y vinculado a la fabricación de pesticidas, fármacos y disolventes, lo que elevó de inmediato la gravedad potencial del incidente.
La Generalitat activó el Plaseqcat para coordinar la respuesta y cerrar el margen de improvisación, una señal de que la amenaza no se trató como una simple avería técnica sino como una emergencia química con capacidad de escalar.
Treinta y tres trabajadores quedaron confinados de forma preventiva mientras el equipo de intervención evaluaba el escape, sellaba el punto de fuga y comprobaba si la sustancia había provocado afectaciones en el entorno inmediato.
El aviso llegó hacia las 12:30 horas y movilizó a siete dotaciones de bomberos, que se desplazaron hasta la terminal para contener el incidente en un contenedor con capacidad para 23.000 litros.
La dimensión del depósito añadió peso al operativo, porque aunque el escape fue descrito después como muy pequeño, el volumen total almacenado convertía cualquier filtración en una amenaza imposible de minimizar desde el principio.
Durante la intervención también acudieron dos ambulancias del sistema de emergencias, preparadas para atender a los trabajadores y responder si la exposición derivaba en síntomas respiratorios, mareos o cualquier otra reacción asociada al producto.
Las primeras informaciones apuntaron a cuatro asistencias leves, pero el balance final de la emergencia acabó sin personas afectadas, una corrección que rebajó el impacto sanitario directo aunque no la gravedad del episodio.
El incidente no quedó encerrado dentro del perímetro industrial, porque la circulación de las líneas R2 Nord y R11 de Rodalies tuvo que interrumpirse entre Montcada i Reixac y Mollet del Vallès mientras seguía activa la alerta.
Para evitar que el bloqueo ferroviario dejara a los viajeros atrapados en medio del corte, se habilitó un servicio alternativo por carretera hasta que la zona recuperó unas condiciones mínimas de seguridad.
Con el paso de las horas, los equipos lograron taponar la fuga y estabilizar la situación, una maniobra decisiva para frenar la salida del compuesto y empezar a desmontar el dispositivo desplegado alrededor de la estación.
Cuando Protección Civil dio por cerrada la prealerta, los efectivos ya se retiraban del lugar y el episodio quedaba reducido a una fuga mínima que, aun así, había bastado para detener trenes, encerrar a decenas de empleados y sembrar inquietud en la red ferroviaria.
El cierre sin heridos no borra la imagen de una terminal detenida por un escape químico en un solo tubo, ni la fragilidad que dejó al descubierto en un punto donde mercancías peligrosas y transporte diario conviven a pocos metros.
0 Comentarios