El trayecto terminó con una niña de ocho años inconsciente en la parte trasera de un coche y con su madre detenida en Pensilvania tras no haber buscado ayuda inmediata.
La menor había ingerido lejía en un camping de Bruceton Mills, en Virginia Occidental, y su estado empeoró con el paso de las horas hasta derivar en una emergencia extrema.
En lugar de activar una respuesta médica urgente, la mujer tomó la carretera de vuelta hacia Pensilvania mientras la niña ya presentaba síntomas graves y pérdida de respuesta.
Cuando la localizaron en la Ruta 51, los agentes encontraron a la pequeña sin reacción, con convulsiones activas y retenida en el asiento trasero con varios cinturones.
Los primeros policías que intervinieron la sacaron del vehículo y la trasladaron de urgencia a un hospital de Uniontown por la gravedad inmediata del cuadro.
Desde allí fue evacuada en helicóptero a otro centro hospitalario en Morgantown, donde quedó ingresada en estado crítico y con respiración asistida.
La investigación sostiene que la niña no solo había bebido un producto corrosivo, sino que además presentaba hematomas visibles en distintas partes del cuerpo.
Dentro del vehículo aparecieron también correas de perro que, según la reconstrucción preliminar, habrían sido utilizadas para inmovilizar a la menor durante el desplazamiento.
Otro menor que viajaba en el coche, un adolescente de quince años, relató que la niña llegó a vomitar sangre y que pidió que la llevaran al hospital cuanto antes.
Ese mismo testimonio señala que la respuesta de la madre no fue dirigirse al centro sanitario más cercano, sino seguir el camino de regreso con la intención de encerrarla en casa.
La denuncia describe además un dato especialmente perturbador: durante el recorrido se habrían dejado atrás al menos dos hospitales antes de que el vehículo fuera interceptado.
La detenida, identificada como Lisa Miller y de 60 años, fue acusada de poner en peligro el bienestar de una menor y de conducta temeraria contra otra persona.
Las autoridades han advertido de que podrían llegar más cargos a medida que avance la investigación conjunta entre la Policía Estatal de Pensilvania y la de Virginia Occidental.
Mientras la niña sigue luchando por sobrevivir, el caso deja una secuencia de horas críticas, señales ignoradas y una intervención policial que llegó cuando el margen ya era mínimo.
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