La mañana del domingo terminó de la peor forma en la playa de Poniente de Benidorm, donde un hombre de 83 años murió mientras practicaba esnórquel en el agua frente a una de las zonas más transitadas del litoral alicantino.
La víctima, de nacionalidad española y procedente de Madrid según las fuentes que reconstruyen el caso, había entrado al mar con gafas de buceo en superficie para nadar a pocos metros de la orilla.
El escenario del suceso se situó a la altura de la playa accesible y en las inmediaciones del Hotel Delfín, un punto reconocible de Poniente donde el movimiento de bañistas no evitó que todo se torciera en cuestión de minutos.
Según la reconstrucción conocida hasta ahora, otra bañista advirtió que el hombre se encontraba en una posición extraña dentro del agua, lo llamó varias veces y comprobó que no reaccionaba.
Ese hallazgo activó una intervención urgente en la propia arena, donde el afectado fue sacado hasta la orilla mientras empezaban las primeras maniobras de auxilio antes de la llegada del equipo sanitario movilizado por emergencias.
El Centro de Información y Coordinación de Urgencias movilizó una unidad del Servicio de Ayuda Médica Urgente, cuyo personal aplicó reanimación cardiopulmonar avanzada y otras técnicas de estabilización en un intento por revertir la situación.
Nada de eso funcionó y los sanitarios no lograron recuperarlo, por lo que el fallecimiento acabó siendo confirmado en el mismo lugar, ante una escena marcada por la tensión y la impotencia.
Las fuentes oficiales han señalado que será la autopsia la que determine con precisión qué originó el ahogamiento y si detrás del desenlace hubo un problema médico previo sufrido dentro del agua.
Las informaciones coinciden en que el hombre estaba de vacaciones en Benidorm junto a su esposa, un detalle que acentúa la dimensión humana de una muerte ocurrida en un contexto de aparente normalidad veraniega.
También ha trascendido que las gafas de buceo utilizadas en esa salida al mar se las había comprado el día anterior, una circunstancia menor en apariencia que ayuda a fijar la secuencia de sus últimas horas.
El caso vuelve a colocar el foco sobre los riesgos del baño y del buceo en superficie incluso en playas urbanas muy frecuentadas, donde un desvanecimiento, un problema cardiaco o una dificultad respiratoria pueden derivar en una tragedia en muy poco tiempo.
Desde la Generalitat Valenciana se recordó tras el suceso que el servicio de emergencias sanitarias mantiene consejos públicos de prevención de ahogamientos, insistiendo en la necesidad de extremar la precaución en el mar.
Benidorm, convertida cada verano en un gran escaparate turístico, suma así un episodio sombrío en pleno periodo de máxima afluencia, cuando miles de personas llenan cada día la playa de Poniente y sus alrededores.
Lo que empezó como una jornada de descanso junto al agua terminó con un cuerpo sin respuesta en la orilla y con una autopsia pendiente de cerrar las preguntas que quedaron abiertas tras la muerte del octogenario.
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