La tarde del miércoles se quebró en West Mersea, una playa del condado de Essex, cuando una salida familiar acabó convertida en una escena de pánico junto al agua.
Shalina Rahman, una maestra de 42 años, y su hija Sameeha, de 15, murieron después de entrar al mar para intentar sacar a un niño de siete años que estaba en peligro.
El menor, que formaba parte del mismo grupo familiar, fue rescatado con vida y trasladado a un hospital de Londres, donde permanecía en estado crítico.
El aviso a los servicios de emergencia llegó sobre las 17:35 horas, después de que varias personas empezaran a tener dificultades en el agua cerca de Seaview Avenue.
La zona quedó atrapada por la subida de la marea cuando el grupo estaba sobre un banco de arena, una trampa natural que puede desaparecer en pocos minutos cuando el agua avanza con fuerza.
Testigos describieron una reacción desesperada en la orilla, con bañistas y personal cercano corriendo hacia el mar mientras la playa, abarrotada por el buen tiempo, se sumía en el caos.
Cuando llegaron los equipos de rescate, entre ellos ambulancias, guardacostas y apoyo aéreo, la situación ya era extrema y dos de las víctimas no pudieron ser reanimadas.
Otras tres personas relacionadas con el mismo episodio también fueron atendidas, y al menos dos de ellas sufrieron lesiones o consecuencias que no se consideraban mortales.
La investigación abierta intenta reconstruir cómo se produjo exactamente la secuencia, quiénes estaban sobre el banco de arena y en qué momento la corriente los arrastró hacia una zona más profunda.
La familia había acudido a la costa para pasar el día y, según los datos conocidos hasta ahora, no se trataba de personas acostumbradas a moverse en ese tipo de aguas abiertas.
El caso ha golpeado con fuerza a la comunidad cercana a las víctimas, también por la edad de la adolescente fallecida y por el hecho de que ambas murieron mientras intentaban salvar a otro menor.
Las autoridades mantuvieron cerrada la playa durante horas para asegurar la zona, atender a los afectados y recoger testimonios de decenas de personas que presenciaron el drama.
El inspector jefe Al Pitcher trasladó públicamente sus condolencias a la familia y confirmó que los agentes estaban recabando declaraciones para aclarar todos los detalles de lo ocurrido.
Detrás del golpe final queda una imagen devastadora: una madre, una hija y un niño atrapados por el mar en cuestión de minutos, en un rescate improvisado que terminó con dos muertes y una vida todavía suspendida al límite.
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