El viaje hacia Barcelona terminó convertido en una escena devastadora en la AP-7, a la altura de Benicàssim, donde Eva, una niña de 13 años, murió junto a su perro Pan dentro de la autocaravana familiar.
La familia circulaba en dirección norte cuando sufrió un pinchazo y se vio obligada a detenerse en el arcén, en una maniobra que parecía de emergencia pero asumible en medio del trayecto.
Mientras los adultos salían a revisar la avería, Eva y su perro se quedaron dentro del vehículo porque pensaron que ese espacio inmóvil seguía siendo el lugar más seguro en mitad de la autopista.
Fue entonces cuando un camión que avanzaba por la misma vía impactó contra la autocaravana y la dejó prácticamente abierta por uno de sus laterales, con una violencia que destrozó la estructura.
El aviso a Emergencias llegó a las 12:15 horas del sábado 1 de agosto, movilizando a patrullas de la Guardia Civil, dotaciones de bomberos y unidades sanitarias hasta el kilómetro del siniestro.
Cuando los equipos de rescate llegaron al punto del choque ya no pudieron hacer nada por la menor, cuya muerte fue confirmada en el mismo lugar después del impacto.
En la autocaravana viajaban cuatro personas y dos de ellas, una mujer de 48 años y otra menor de 15, resultaron heridas con politraumatismos y fueron trasladadas al Hospital General de Castellón.
El padre de la familia salió ileso, un detalle que encaja con la reconstrucción inicial de que estaba fuera del vehículo cuando la autocaravana fue alcanzada por detrás.
El conductor del camión tampoco necesitó asistencia médica, aunque la investigación sigue abierta para aclarar por qué no logró evitar la colisión contra un vehículo detenido en el arcén.
El siniestro provocó además importantes retenciones en sentido Barcelona, con varios kilómetros de atasco en una jornada de tráfico intenso marcada de pronto por la muerte y el caos.
La historia golpeó con más fuerza al conocerse que Eva se dirigía a una competición de agility, una disciplina que compartía con Pan y que formaba parte de su rutina y de su vínculo diario.
La conmoción se extendió entre personas cercanas al mundo canino, donde la imagen de la niña junto a su perro quedó asociada de inmediato a una despedida imposible de asumir.
La secuencia del accidente deja una sensación difícil de apartar: una familia paró para resolver un problema mecánico y, en cuestión de segundos, ese gesto de prudencia quedó aplastado por un impacto letal.
Ahora queda la investigación sobre lo ocurrido en la AP-7 y el peso irreparable de una pérdida que convirtió un trayecto familiar en una tragedia marcada por el nombre de Eva y por la ausencia de Pan.
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