Muere un bebé de 20 meses tras quedar en un coche durante la ola de calor en Fuerteventura


El calor ya apretaba con violencia en Fuerteventura cuando se produjo una de esas escenas que dejan un silencio imposible de sostener: un bebé de 20 meses quedó dentro de un coche y su cuerpo no resistió.

El menor sufrió un golpe de calor en plena ola térmica que afecta a Canarias, con avisos activos por temperaturas extremas en varias islas y un ambiente asfixiante también en Fuerteventura.

La situación fue detectada cuando el niño ya presentaba un cuadro gravísimo y necesitó una evacuación urgente desde el Hospital General de Fuerteventura hasta Gran Canaria en helicóptero medicalizado.

El destino del traslado fue el Hospital Materno Infantil de Las Palmas de Gran Canaria, adonde llegó en estado crítico mientras los médicos intentaban frenar un deterioro que ya era devastador.

Pese a los esfuerzos sanitarios, el bebé terminó falleciendo en ese centro hospitalario, cerrando el caso con el peor desenlace posible después de unas horas marcadas por la desesperación.

La información disponible apunta a que el menor habría permanecido dentro del vehículo en un descuido del progenitor, una circunstancia que ahora concentra toda la atención sobre cómo se desencadenó la tragedia.

Dentro de un coche cerrado, la temperatura puede dispararse en muy poco tiempo incluso aunque en el exterior el calor ya resulte insoportable, y en un episodio extremo ese margen se vuelve todavía más letal.

El caso golpea además a una isla que llevaba desde el viernes bajo aviso amarillo por altas temperaturas, mientras otros puntos del archipiélago llegaban a registrar valores todavía más severos.

En Gran Canaria, las cumbres y varias vertientes permanecían ese mismo día en nivel rojo por calor, con máximas por encima de los 40 grados, un contexto que muestra la dimensión del episodio meteorológico.

La muerte del niño abre un nuevo foco de conmoción en Canarias, donde la combinación de verano, vehículos cerrados y despistes de apenas minutos puede convertirse en una trampa mortal.

La secuencia conocida hasta ahora sitúa el suceso durante el fin de semana y deja como rastro una intervención de emergencia contrarreloj que no consiguió revertir el daño extremo provocado por la hipertermia.

También vuelve a poner sobre la mesa una advertencia repetida cada verano: ningún menor puede quedarse solo dentro de un coche, ni un instante, cuando el interior se transforma en un recinto sin escapatoria.

En este caso, la edad de la víctima añade una dimensión todavía más brutal al desenlace, porque se trataba de un niño de apenas 20 meses, completamente indefenso ante una subida de temperatura tan feroz.

La investigación y la revisión de lo ocurrido marcarán ahora los siguientes pasos, pero la noticia ya deja una imagen imborrable en Fuerteventura: la de una tragedia mínima en tiempo y gigantesca en consecuencias.

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