El crimen sin resolver de Helena Jubany: traición en círculo cerrado


 Era la madrugada del 2 de diciembre de 2001, en Sabadell (Barcelona). Helena Jubany, una bibliotecaria de 27 años, amante de la cultura y la montaña, fue encontrada desnuda en el patio interior de un edificio, con señales de haber caído desde la azotea. Lo que parecía un suicidio, pronto se reveló como una cruel farsa.

La autopsia reveló que Helena había sido sedada con benzodiacepinas en dosis altísimas (hasta 35 veces más de la habitual), lo que la dejó en un estado de semi-coma antes de ser arrojada al vacío. Su cuerpo fue además hallado con quemaduras, evidenciando un nivel de violencia planificado y perverso.

Meses antes, Helena había recibido notas anónimas junto a bebidas adulteradas con somníferos. La primera fue una botella de horchata —su bebida favorita—, seguida de una de zumo acompañada por una nota en tono bromista que le pidió tomárselo “con humor” antes de un encuentro en una excursión.


Las sospechas se dirigieron hacia su círculo más cercano: miembros de la Unión Excursionista de Sabadell (UES), de la cual era parte. Entre ellos, Montse Careta fue encarcelada, pero se suicidó en prisión proclamando su inocencia. Otros implicados como Santi Laiglesia fueron imputados, pero el caso se archivó en 2005 ante la falta de pruebas concluyentes.

La investigación fue reabierta en años recientes. En 2020 se ordenó analizar el disco duro de Helena, y se declaró investigado a Xavier Jiménez, sospechoso de enviar los anónimos adulterados con drogas.


En noviembre de 2024, un avance clave cambió el rumbo: se detectaron restos biológicos compatibles con uno de los principales sospechosos, Santi Laiglesia, en el jersey que llevaba Helena el día del crimen. El ADN mostró alta probabilidad de coincidencia, lo que ha reabierto la esperanza de justicia.

Persiste el silencio del entorno de la UES, lo que la familia considera parte de un encubrimiento consciente. Ellos han pedido a los implicados que rompan ese silencio y contribuyan a esclarecer lo ocurrido.


Más de dos décadas después, el caso sigue dejando demasiadas preguntas sin respuesta. ¿Quién se ocultaba detrás de aquel gesto amable que terminó en violencia? ¿Qué secretos se guardaban entre senderos y anónimos?

Helena tenía 27 años. Era una joven culta, soñadora, rodeada de naturaleza y libros. No podía imaginar que su círculo de confianza se convertiría en su tumba.

Porque a veces, lo más aterrador no está en la calle oscura…
sino en el silencio cómplice detrás de una nota entrañable.

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