Albert Caballé Ortín: el “estafador del amor” que convirtió las citas online en una máquina de romper vidas



En las fotos de perfil aparece como un tipo atractivo, camisa impecable, sonrisa segura, aire de ejecutivo joven. Podría ser el abogado que te ayuda con los papeles, el cirujano de clínica exclusiva o el inversor que parece vivir en aeropuertos. Pero detrás de esa fachada se escondía otra historia: la de Albert Caballé Ortín, el hombre al que la prensa bautizó como “el estafador del amor”, denunciado por decenas de personas por utilizar el enamoramiento como herramienta para vaciar cuentas, romper confianzas y dejar tras de sí un reguero de daños emocionales que ningún dinero puede reparar.

Albert Caballé nació en Barcelona en 1982. En sus inicios profesionales intentó abrirse camino como modelo: llegó a aparecer en revistas juveniles como Ragazza y a trabajar en campañas de marcas como Swatch, moviéndose por ambientes de imagen, pasarelas y castings. Quienes han investigado su trayectoria cuentan que estudió en colegio privado, que era considerado “el guapo de la clase” y que parecía tener por delante la típica vida de chico bien conectado. Sin embargo, a partir de la década de 2010 su nombre comenzó a aparecer en otro tipo de listas: diligencias judiciales, atestados policiales y archivos de víctimas de engaños sentimentales.

El escenario de esta transformación fueron las apps de citas y las redes sociales. A principios de los 2010, cuando Badoo, Tinder o Facebook empezaban a normalizar los romances online, Caballé detectó un filón: mujeres —y algunos hombres— que buscaban compañía, afecto, una mano tendida en medio de la precariedad o la soledad. Según las investigaciones, creó múltiples perfiles con nombres distintos (Álvaro, Pablo, Albert Planas…) y se presentaba como abogado de extranjería, inversor de éxito, empresario internacional o incluso cirujano plástico de prestigio. Lo único constante era el relato de éxito económico y poder de decisión. Él casi siempre jugaba el papel del hombre que “no necesita nada”… justo antes de empezar a pedirlo todo.

Su modus operandi se repite con variaciones inquietantes. Primero, un bombardeo de atención: mensajes constantes, halagos, promesas de futuro, una intensidad afectiva que muchas víctimas identifican después como “demasiado bonita para ser real”. Luego llegan las historias: cuentas bloqueadas en el extranjero, problemas fiscales por tener dinero en Panamá, negocios en marcha que están a punto de cerrarse, deudas temporales que se van a resolver “en cuanto salga la transferencia” o “en cuanto me desbloqueen las tarjetas”. A veces, ni siquiera hacía falta verse en persona: hay casos documentados en los que solo con la voz y los mensajes consiguió que una mujer le enviara dinero para un supuesto billete de avión, prometiendo devolvérselo doblado al día siguiente.


Con el tiempo, las cifras se fueron acumulando. En 2018, El Confidencial hablaba de al menos 40 mujeres que lo acusaban de haberse quedado con unos 150.000 euros mediante engaños, con más de 25 diligencias abiertas en toda España, especialmente en Barcelona y su área metropolitana. Otros medios hablaban de 23 víctimas entre mujeres y hombres, coches, dinero en efectivo, tarjetas usadas para pagar hoteles de lujo y shopping compulsivo, e incluso una bicicleta. La policía describía a Caballé como alguien que utilizaba su apariencia y su don de palabra para introducirse en la vida de personas vulnerables —extranjeras en situación irregular, mujeres sin red familiar, personas en procesos de separación— y, una vez dentro, tejer una red de mentiras para que fueran ellas mismas quienes le entregaran el dinero.

En marzo de 2018, el caso estalla en los medios. Crónica Global, 20minutos, LleidaDiari o Yahoo lo señalan como el “estafador de las apps de citas” y “gigoló estafador”. Contra él pesan al menos tres órdenes de detención dictadas por juzgados de Barcelona, Pamplona y Bayona (Francia). Los Mossos d’Esquadra y la Policía Nacional piden colaboración ciudadana y difunden su imagen: 1,84 de estatura, uñas mordidas, ropa de marca. En paralelo, se difunden audios en los que se le escucha hablar a una víctima con un tono de desprecio y chulería que hiela la sangre, como si todo el dolor que había causado fuera para él poco más que un juego.

La huida dura poco. El 26 de marzo de 2018, tras un dispositivo conjunto, Albert Caballé es detenido en Barcelona y puesto a disposición judicial. A partir de ahí comienza una montaña rusa judicial: algunas causas terminan en condena, otras en absolución. En diciembre de 2018, un juzgado de Barcelona lo condena a un año y medio de cárcel por engañar a una mujer haciéndose pasar por ella ante el banco, simulando tener la voz dañada para conseguir transferencias a cuentas que controlaba. En paralelo, es absuelto en otro procedimiento porque la magistrada considera que las mentiras que utilizó eran “difícilmente creíbles” y que la denunciante quiso creerlas pese a todo. El límite entre responsabilidad penal y autoengaño empieza a volverse borroso también en los tribunales.

Lejos de desaparecer del foco, Caballé sigue alimentando titulares. En 2021, laSexta relata cómo el llamado “estafador del amor” llega a denunciar a una decena de periodistas por revelación de secretos y se jacta de ello cuando los ve en los juzgados, en una especie de pulso público contra quienes han destapado su historia. En 2022, Crónica Global informa de una nueva condena: 16 meses de cárcel por vender un ordenador robado, otro capítulo en su larguísimo historial. Y en febrero de 2023, medios como OKDiario detallan una sentencia de dos años y tres meses de prisión por haber engañado a seis mujeres entre 2015 y 2017, a las que habría hecho creer que era hijo de un reputado cirujano plástico y que necesitaba ayuda urgente por supuestos bloqueos de cuentas, consiguiendo de ellas unos 70.000 euros.

Al mismo tiempo, la justicia también le da la razón en algunos frentes. En enero de 2023, el Juzgado Penal 25 de Barcelona lo absuelve de engañar a dos trabajadoras sexuales, al considerar que las versiones de ambas y la suya presentan tantas contradicciones que no es posible condenarlo solo con esos relatos. Un reportaje de El País, publicado en febrero de 2023, dibuja una foto inquietante: Albert Cavallé acumula siete sentencias condenatorias y nueve absoluciones, esquivando la entrada en prisión mientras recurre resoluciones y espera otros tres procesos pendientes. El sistema judicial avanza lento, mientras las víctimas van sumando años de espera.

En abril de 2023 estalla otra polémica: Telecinco y otros medios revelan que Caballé cobra desde diciembre de 2021 664 euros mensuales de la renta garantizada de ciudadanía de la Generalitat, una ayuda destinada a personas sin recursos. Legalmente, cumple los requisitos: no tiene ingresos estables y arrastra condenas que dificultan su inserción laboral. Pero muchas de sus víctimas viven esa noticia como un mazazo: el hombre al que denunciaron por vaciarles los ahorros recibe ahora una prestación pública mientras ellas siguen lidiando con deudas y terapias. La historia se vuelve todavía más incómoda cuando se recuerda que el sobrenombre de “estafador del amor” no es solo un gancho mediático: hay una larga lista de sentencias que avalan que, en muchos casos, los engaños fueron algo más que una mala cita.

El punto de inflexión llega en 2023. Según explica Diario de Sevilla, tras pactar cumplir la condena de 2 años y 3 meses en el centro penitenciario que él eligiera, no se presenta en ningún centro dentro del plazo fijado. Se dicta entonces una orden de búsqueda, captura e ingreso en prisión: el “estafador del amor” vuelve a estar oficialmente en paradero desconocido. Durante medio año, nadie sabe con certeza dónde está. Para muchas de las mujeres que lo denunciaron, es como revivir la misma pesadilla: él fuera del radar, ellas comprobando que una vez más parece escurrirse entre los huecos del sistema.

El 4 de diciembre de 2023, la crónica cambia de tono. Un programa de Catalunya Ràdio confirma que Albert Caballé se ha presentado voluntariamente en la prisión de Lledoners, acompañado de su abogado. Allí comienza a cumplir la condena firme de 2 años y 3 meses por engañar a seis mujeres, mientras los periodistas especializados explican que tiene más de una veintena de sentencias condenatorias que todavía pueden volverse firmes y añadir años a su estancia en prisión. En el mismo programa se habla de más de 50 mujeres afectadas desde 2016, de un rosario de procedimientos y de una sensación compartida entre las denunciantes: por fin, después de siete años y medio desde la primera denuncia, sienten que se ha encendido una luz al final del túnel.


Lo perturbador del caso de Albert Caballé no es solo la cantidad de dinero que habría conseguido con sus engaños, sino la profundidad del daño emocional. Muchas de las víctimas han contado que lo más duro no fue la pérdida económica, sino la sensación de haber sido utilizadas en lo más íntimo: sus historias personales, sus miedos, sus carencias se convirtieron en material de trabajo para un profesional de la manipulación. Algunas eran mujeres extranjeras sin papeles a las que prometía regularizar su situación; otras, madres solas que buscaban estabilidad; otras, sencillamente, personas que querían creer que esa historia de amor tan intensa podía ser verdad.

La lingüista forense Sheila Queralt dedica parte de su libro Estafas amorosas precisamente a figuras como la de Caballé: “estafadores en serie de mujeres”, un subtipo específico dentro de los engaños afectivos que utiliza el lenguaje, la promesa de futuro y la teatralización de problemas económicos como herramientas de control. A través de mensajes, audios y chats, estos perfiles construyen un personaje creíble, se adaptan al vocabulario y al estilo de la víctima, y la conducen poco a poco a una situación en la que pedir dinero ya no parece un abuso, sino una prueba de amor o de lealtad. En el caso de Caballé, esa estrategia se habría repetido en diferentes ciudades, con mujeres de edades, estudios y contextos muy distintos, lo que demuestra que el problema no es “ser ingenua”, sino encontrarse con alguien que ha convertido la seducción en oficio.

Hoy, el caso de Albert Caballé Ortín, el llamado “estafador del amor”, funciona como una advertencia incómoda en plena era de las citas online. No es solo la historia de un hombre que se presentaba como abogado, inversor o hijo de un médico conocido para quedarse con el dinero de quienes confiaban en él; es también la historia de un sistema que tardó años en conseguir que empezara a cumplir condena, y de unas víctimas que han tenido que reconstruirse mientras veían su nombre aparecer en documentales, podcasts y crónicas negras. En cada match, en cada conversación que empieza con un “hola, guapa” en una app, hay mucho de azar… pero también hay una lección que deja este caso: cuando alguien que acabas de conocer te pide dinero, datos bancarios o favores económicos envueltos en grandes promesas, la alarma no es desconfianza gratuita, es instinto de supervivencia. Porque a veces, detrás de un perfil perfecto, lo que hay no es un cuento de amor, sino una pesadilla cuidadosamente escrita.

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