El 1 de diciembre de 2011, la vida de Francisco Quesada Sousa, conocido cariñosamente como "Paco", se detuvo abruptamente en Torrelavega (Cantabria). Ese día, Paco, de 48 años, tuvo presuntamente una fuerte discusión con su esposa en el domicilio familiar. Según la versión que ella ofreció entonces a la familia de él, la disputa había sido violenta, acusándolo incluso de agresión hacia ella y su hija. Tras el altercado, Paco se habría marchado de casa dando un portazo para no volver jamás.
La familia de Francisco, compuesta por siete hermanos muy unidos, recibió la noticia con preocupación. La esposa les aseguró ese mismo día que había acudido a la Comisaría de la Policía Nacional para interponer la pertinente denuncia por desaparición. Confiando en su palabra y en que la policía ya estaba haciendo su trabajo, los hermanos iniciaron una espera angustiosa, creyendo que las autoridades buscaban activamente a Paco. Pasaron las semanas, los meses y los años. Cinco años y medio de silencio administrativo absoluto.
El giro dramático y escalofriante llegó en 2017, casi seis años después. Ante la falta de noticias y la inacción aparente, una de las hermanas de Paco decidió personarse en comisaría para preguntar por el estado del expediente. La respuesta del agente de turno la dejó helada: "Aquí no consta ninguna denuncia sobre ese señor".
La realidad cayó como una losa sobre la familia Quesada: Paco nunca había sido buscado. Durante casi seis años, para el Estado español, Francisco Quesada Sousa era simplemente un ciudadano que no renovaba su DNI, no un desaparecido. Su esposa había mentido sobre la denuncia.
Al descubrir el engaño, la familia interpuso la denuncia real y comenzó su propia investigación paralela, destapando una serie de indicios inquietantes que apuntaban a un desenlace fatal y no a una huida voluntaria. Descubrieron que, desde aquel 1 de diciembre de 2011, no había habido ningún movimiento bancario, ni renovación de documentos, ni pago de impuestos de vehículos. Paco se había "evaporado" administrativamente el mismo día que físicamente.
Más alarmante fue el hallazgo de lo sucedido en una finca propiedad de Paco en los días posteriores a su desaparición. Los vecinos y testigos confirmaron que se había ordenado una limpieza profunda y urgente de una caseta de aperos ubicada en el terreno, deshaciéndose de enseres y limpiando el interior de forma exhaustiva, mientras que la huerta exterior se dejó intacta. Además, se supo que el coche de Francisco había aparecido quemado tiempo atrás, un dato que en su momento no se vinculó con su desaparición al no constar esta oficialmente.
A pesar de que la Policía Nacional abrió diligencias tras la denuncia de la familia en 2017 y no descartó indicios de criminalidad, la investigación se topó con un muro insalvable: el tiempo. Los seis años de ventaja que la mentira otorgó a quien o quienes pudieran ser responsables permitieron borrar cualquier huella forense, coartada o rastro biológico que hubiera podido existir en las primeras horas críticas.
En el ámbito judicial, el nombre de Francisco Quesada apareció en edictos civiles en 2017 (sentencias sobre lindes de propiedades) donde figuraba en situación de "rebeldía procesal" junto a su esposa, Ana Fe Gándara, confirmando que él no estaba presente para defender sus intereses.
A fecha de hoy, enero de 2026, Francisco Quesada Sousa sigue figurando en las bases de datos de SOS Desaparecidos, acumulando más de 14 años de ausencia. No se ha encontrado cuerpo, no hay detenidos y la esposa no ha sido juzgada por homicidio ante la falta de pruebas materiales directas, manteniéndose la incógnita legal.
Para la familia Quesada, sin embargo, no hay duda: Paco no se fue, a Paco lo hicieron desaparecer. Su caso es el ejemplo doloroso de cómo la burocracia y una mentira bien sostenida pueden crear el camuflaje perfecto para un crimen, dejando a una familia sin tumba donde llorar y sin justicia que celebrar.
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