La noche del 14 de marzo de 2015, Sabadell se convirtió en el escenario de uno de los misterios más desconcertantes de la última década en España. Caroline del Valle, una adolescente de 14 años vecina de la Zona Franca de Barcelona, había decidido pasar el fin de semana en casa de una amiga. Sin embargo, los planes adolescentes derivaron en una noche de fiesta en la conocida "Zona Hermética", un área de ocio nocturno que entonces congregaba a multitudes de jóvenes. Aquella velada, que debía ser una anécdota de rebeldía juvenil, terminó marcando el inicio de una pesadilla eterna para su familia.
El grupo de amigos se encontraba haciendo "botellón" en un descampado cercano a la discoteca Bora Bora, una práctica habitual en la zona. El ambiente festivo se rompió abruptamente con la llegada de los Mossos d'Esquadra, quienes realizaron una redada rutinaria para controlar el consumo de alcohol en la vía pública. La presencia de las luces azules y las sirenas provocó el pánico entre los menores, desatando una estampida caótica en la que cada uno corrió en una dirección diferente para evitar ser identificado o sancionado.
En medio de esa confusión, Caroline fue vista por última vez corriendo junto a Justin, un joven que entonces tenía 17 años y que apenas conocía a la chica desde hacía poco tiempo. Ambos se alejaron del grupo principal, perdiéndose en la oscuridad de las calles industriales de Sabadell. Esa carrera desesperada hacia ninguna parte fue el último movimiento confirmado de Caroline antes de que su rastro se evaporara por completo de la faz de la tierra.
La versión de Justin, quien se convirtió en la última persona en verla con vida, ha sido el eje de la controversia durante más de diez años. Según declaró ante la policía y el juez, ambos corrieron hasta que el aliento les falló. Él aseguró que Caroline, agotada y asustada, decidió esconderse debajo de un coche estacionado mientras él continuaba su huida hacia la estación de tren, temiendo ser capturado por tener asuntos pendientes con la justicia juvenil.
Sin embargo, esta coartada presentó lagunas desde el principio. Justin tardó horas en volver a dar señales de vida, apareciendo al día siguiente sucio de barro y con una actitud que muchos calificaron de sospechosa. A pesar de las contradicciones iniciales y de ser señalado como el principal sospechoso por los investigadores, nunca se hallaron pruebas físicas o biológicas que lo vincularan directamente con un crimen, impidiendo así cualquier acusación formal en su contra.
La madre de Caroline, Isabel Movilla, inició su propia cruzada desde el minuto uno. Al no recibir noticias de su hija a la mañana siguiente, contactó con las amigas, quienes inicialmente mintieron sobre el paradero de la menor, diciendo que ya había salido hacia casa. Esta pérdida de tiempo fue crucial; las primeras horas, vitales en cualquier desaparición, se malgastaron entre mentiras adolescentes y la creencia policial de que se trataba de una fuga voluntaria.
La investigación de los Mossos d'Esquadra ha sido objeto de críticas constantes por parte de la familia. Se tardó meses en realizar batidas exhaustivas y en analizar las cámaras de seguridad de la zona, muchas de las cuales ya habían borrado las grabaciones cuando fueron solicitadas. Isabel ha denunciado repetidamente la "dejadez" institucional, asegurando que si su hija hubiera sido de otra clase social, se habría movido cielo y tierra mucho antes.
Durante años, la teoría policial principal, manejada por la unidad de Homicidios, ha sido la del crimen con ocultación de cadáver. Los investigadores sospechan que algo terrible sucedió esa noche, posiblemente un homicidio involuntario o una agresión que terminó mal, y que el cuerpo fue escondido con eficacia en algún lugar de los vastos terrenos industriales o naturales que rodean Sabadell, como el Castillo de Can Feu, que fue registrado sin éxito casi un año después.
No obstante, Isabel Movilla ha cambiado su postura con el tiempo. Aunque al principio desconfiaba profundamente de Justin, en los últimos años ha llegado a defenderlo públicamente, considerándolo un "cabeza de turco" de una investigación fallida. Su convicción actual, reforzada por su instinto de madre y ciertas llamadas extrañas recibidas tras la desaparición, es que Caroline fue secuestrada por una red de trata de personas y que sigue viva, posiblemente fuera de España.
El "pacto de silencio" entre el grupo de amigos que estuvo con ella esa noche es otro de los muros con los que se ha topado la familia. Se cree que algunos de los jóvenes saben más de lo que han contado, protegiendo secretos que podrían ser la llave para resolver el caso. Las declaraciones cambiantes y la falta de empatía mostrada por algunos de ellos han añadido sal a la herida de los padres de Caroline.
En 2018, la causa fue archivada provisionalmente por falta de pruebas y de autor conocido, dejando a la familia en un limbo legal doloroso. Sin embargo, el caso nunca se ha cerrado socialmente. Isabel ha mantenido viva la llama con concentraciones periódicas y apariciones en medios, negándose a aceptar que una niña de 14 años pueda desvanecerse sin que nadie pague por ello o dé una explicación.
El caso recobró fuerza mediática a finales de 2025, impulsado por un reportaje de "Equipo de Investigación" y la viralización de la historia en TikTok, donde el hashtag #carolinedelvalle acumuló millones de visitas. Esta presión social obligó a recordar que, aunque los juzgados cierren carpetas, la sociedad no olvida. Nuevos testimonios y teorías de internautas inundaron las redes, aunque la policía pidió cautela para no intoxicar la investigación real.
Una de las novedades más impactantes de los últimos tiempos fue la creación de un retrato robot actualizado mediante Inteligencia Artificial. La Universidad Politécnica de Cataluña (UPC) generó una imagen de cómo sería Caroline con 24 años, una herramienta tecnológica que busca reactivar la colaboración ciudadana y que fue difundida masivamente en 2024 y 2025 con la esperanza de que alguien la reconozca.
A pesar de los avances tecnológicos y el ruido mediático, la realidad tangible sigue siendo desoladora: no hay cuerpo, no hay culpables y no hay Caroline. Las pistas sobre un coche rojo con matrícula francesa o avistamientos en otros países no han podido ser corroboradas de manera fehaciente, quedando como hilos sueltos en una maraña de incertidumbre.
Hoy, Isabel Movilla mantiene la habitación de su hija intacta, tal y como la dejó aquel sábado de marzo de 2015. La esperanza es lo único que no ha prescrito en esta casa. La madre sigue esperando esa llamada o ese mensaje que desmienta la tesis del homicidio y confirme que su hija sigue en algún lugar, esperando ser rescatada de un infierno invisible.
El caso de Caroline del Valle es una herida abierta en la eficacia policial española. Nos recuerda la fragilidad de la adolescencia y el peligro de una noche cualquiera que se tuerce. Mientras no haya respuestas, Sabadell seguirá teniendo una sombra en su historia y una madre seguirá preguntando cada día: "¿Dónde está Caroline?".
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