El Luto de Reyes: Crónica de un Final Anunciado en Las Palmas

La mañana de este martes 6 de enero de 2026, día de Reyes, amaneció con la promesa de ilusión y festividad en Las Palmas de Gran Canaria. Sin embargo, en un edificio de la céntrica calle Unión, el ambiente festivo se vio brutalmente interrumpido por el silencio de la muerte. Alrededor de las primeras horas del día, la Policía Nacional irrumpía en una vivienda tras recibir una alerta, encontrándose con un escenario que ha helado la sangre de la comunidad isleña: dos cadáveres yacían en el interior con evidentes signos de violencia.

El hallazgo se produjo después de que familiares de la pareja, extrañados por la falta de respuesta a las llamadas y mensajes en una fecha tan señalada para el intercambio de regalos, decidieran dar la voz de alarma. La insistencia de los allegados, que temían que algo grave hubiera ocurrido, movilizó a una patrulla de seguridad ciudadana que, al acceder al inmueble, confirmó los peores presagios. No había nadie con vida en el domicilio para explicar el horror que allí se había desatado.

Las víctimas han sido identificadas como un matrimonio residente en la capital grancanaria. Ella, una mujer de 43 años, muy conocida y querida en su entorno laboral; él, su pareja, un hombre de 35 años. Ambos cuerpos presentaban heridas incompatibles con la vida, y la disposición de los mismos en la escena del crimen sugirió desde el primer instante a los agentes que no se trataba de un robo ni de una intervención externa, sino de un drama doméstico llevado al extremo.

La mujer, cuya identidad ha sido protegida en las primeras horas pero que se sabe trabajaba en el Real Club Náutico de Gran Canaria, presentaba lesiones de arma blanca que apuntan a un ataque directo y mortal. La brutalidad de las heridas indica un ensañamiento o una voluntad inequívoca de acabar con su vida. La noticia de su muerte ha causado un profundo impacto entre sus compañeros de trabajo, quienes la describen como una persona vital y trabajadora.

Junto a ella, o en una estancia próxima, se encontraba el cuerpo del hombre de 35 años. Los primeros indicios forenses y la posición del cadáver apuntan a que, tras cometer el presunto asesinato de su esposa, procedió a quitarse la vida. La hipótesis principal que maneja el Grupo de Homicidios de la Policía Nacional es la del asesinato machista seguido de suicidio, un patrón criminal conocido como "suicidio ampliado" o finalista, que busca la impunidad eterna.

Uno de los datos más dolorosos que ha trascendido de la investigación es el historial de la pareja en los registros policiales. La víctima figuraba en el Sistema de Seguimiento Integral en los casos de Violencia de Género (VioGén). Existía una denuncia previa interpuesta por ella contra él por malos tratos, lo que confirma que la violencia no era un hecho aislado de esta mañana de Reyes, sino una sombra que planeaba sobre la relación desde hacía tiempo.

Sin embargo, el sistema de protección no estaba activo en su nivel máximo en el momento del crimen. Según fuentes judiciales, la mujer había decidido retirar la denuncia tiempo atrás, lo que provocó el archivo de la causa y la desactivación de las medidas cautelares que podrían haberla protegido. Este hecho pone de relieve la inmensa vulnerabilidad de las víctimas que, coaccionadas o atrapadas en el ciclo de la violencia, renuncian a la tutela judicial.

La Policía Científica ha trabajado durante toda la mañana en el domicilio de la calle Unión, recabando huellas, armas y vestigios biológicos. El objetivo es reconstruir la cronología exacta de los hechos: determinar si el crimen ocurrió durante la madrugada del día 6 o si los cuerpos llevaban ya horas sin vida, ocultando la tragedia mientras la ciudad dormía esperando a los Reyes Magos.

Los vecinos del inmueble, despertados por el trasiego de coches patrulla y furgones fúnebres, han reaccionado con estupor. Nadie escuchó gritos o ruidos que presagiaran el desenlace fatal, lo que sugiere que el ataque pudo ser sorpresivo o que ocurrió en un contexto de silencio opresivo. La calle Unión, habitualmente tranquila, se ha convertido en el epicentro del dolor en la isla.


Los cuerpos han sido levantados por orden de la autoridad judicial y trasladados al Instituto de Medicina Legal de Las Palmas. Será la autopsia, prevista para las próximas horas, la que determine con exactitud la causa de la muerte de ambos y la hora del deceso, datos clave para cerrar el atestado policial y confirmar oficialmente la mecánica del crimen.

Las reacciones institucionales no se han hecho esperar. El Gobierno de Canarias, el Cabildo de Gran Canaria y el Ayuntamiento de Las Palmas han expresado su más rotunda condena. Se espera la convocatoria de minutos de silencio en las próximas horas. De confirmarse como violencia de género, esta mujer sería la segunda víctima mortal de esta lacra en España en los primeros seis días de 2026.

La diferencia de edad entre ambos, siendo ella ocho años mayor que él, y la dinámica de la relación están siendo analizadas por los expertos para entender el contexto de control que ejercía el agresor. El hecho de que él decidiera suicidarse tras matarla indica una personalidad posesiva que prefiere la destrucción total antes que aceptar una ruptura o las consecuencias de sus actos.

El caso ha reabierto el debate sobre cómo actuar cuando una víctima retira la denuncia. Las asociaciones feministas de Canarias insisten en que la fiscalía debería poder actuar de oficio con mayor contundencia en estos casos, entendiendo que el desistimiento de la mujer es a menudo un síntoma más del maltrato y no una señal de que el riesgo ha desaparecido.

La familia de la víctima se enfrenta ahora a un duelo doblemente traumático: la pérdida repentina y violenta, y la exposición mediática de un caso que ha sacudido la conciencia social en un día festivo. Los servicios de atención psicológica del 1-1-2 han sido activados para dar soporte a los padres y hermanos de la fallecida.


El Real Club Náutico de Gran Canaria ha suspendido sus actividades festivas en señal de luto. La bandera ondea a media asta en recuerdo de su empleada. La sensación de irrealidad inunda el ambiente; cuesta procesar que mientras se abrían regalos en otras casas, en esa vivienda se escribía el final de una vida.

Este 6 de enero de 2026 pasará a la historia de Las Palmas no por la cabalgata ni los juguetes, sino por la confirmación de que el machismo no toma vacaciones. La calle Unión queda marcada por la tragedia de una mujer que intentó protegerse una vez, pero a la que el sistema y el miedo no lograron salvar a tiempo de la sentencia final de su verdugo.

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