El Primer Grito de 2025: La Agonía de Karilenia en las Calles de Sama


El 31 de enero de 2025, España cerraba el primer mes del año con la esperanza de mantener las cifras de violencia de género en mínimos, pero esa noche, en la localidad asturiana de Sama de Langreo, la estadística se rompió de la forma más brutal. Karilenia Charles, una mujer de 40 años, madre de tres hijos y de nacionalidad cubana, se convirtió en la primera víctima oficial de violencia machista del año. Su muerte no ocurrió en la intimidad de un hogar cerrado, sino ante los ojos atónitos de un vecindario que vio cómo el terror tomaba las calles.

Eran aproximadamente las 22:00 horas de un viernes frío en la cuenca minera. Karilenia caminaba por la vía pública, cerca de su domicilio, cuando fue interceptada por su pareja, un hombre de 74 años cuya identidad responde a las iniciales J.A. La diferencia de edad entre ambos, de más de tres décadas, había sido motivo de comentarios en el entorno, pero nadie imaginó que esa disparidad escondía una dinámica de control y posesión que estallaría aquella noche.

Según la reconstrucción de los hechos realizada por la Policía Nacional, la agresión comenzó como una discusión que rápidamente escaló. El hombre, armado con un cuchillo de grandes dimensiones, persiguió a Karilenia por la calle. La mujer, consciente de que su vida corría peligro inminente, intentó huir desesperadamente, gritando auxilio mientras corría por el asfalto. Fue una carrera contra la muerte que duró apenas unos segundos, pero que se sintió eterna para los testigos.

Varios vecinos, entre ellos dos jóvenes que se encontraban en la zona, escucharon los gritos desgarradores y trataron de intervenir. La escena era dantesca: un hombre anciano persiguiendo con saña a una mujer indefensa. A pesar de los intentos de los transeúntes por frenar al agresor y socorrerla, la determinación del asesino fue letal. Karilenia recibió múltiples puñaladas en el tórax y el abdomen, heridas que le provocaron una hemorragia masiva en cuestión de instantes.

Karilenia se desplomó en la acera, rodeada de sangre, mientras su agresor permanecía en el lugar, en un estado de enajenación o frialdad, con el arma aún en su poder o cerca de él. Los servicios de emergencia del 112 Asturias recibieron múltiples llamadas simultáneas, movilizando de inmediato a la Policía Nacional y a una UVI móvil. Sin embargo, cuando los sanitarios llegaron, la gravedad de las lesiones había comprometido órganos vitales.

Los intentos de reanimación cardiopulmonar se prolongaron durante más de 30 minutos en la misma calle. Los médicos lucharon por revertir la parada cardiorrespiratoria, pero la pérdida de sangre había sido catastrófica. Poco antes de la medianoche, se certificó el fallecimiento de Karilenia Charles. Su cuerpo quedó cubierto por una manta térmica bajo las luces azules de las sirenas, una imagen que conmocionó a todo Langreo.

El agresor fue detenido en el mismo lugar de los hechos. No opuso una gran resistencia física ante los agentes, quienes lo encontraron manchado de sangre y con el arma homicida asegurada. Fue trasladado a la Comisaría de Langreo, donde se negó a declarar en un primer momento. La noticia corrió como la pólvora: el "abuelo" del vecindario había matado a su pareja en plena calle.


La investigación posterior reveló que Karilenia tenía tres hijos menores de edad, quienes esa noche no solo perdieron a su madre, sino que quedaron en una situación de desamparo absoluto. Los servicios sociales del Principado de Asturias activaron el protocolo de protección de menores, mientras la comunidad cubana y los vecinos de Sama se organizaban para apoyar a la familia rota.

Un dato que indignó a la opinión pública fue la ausencia de denuncias previas. Como ocurre en demasiados casos, Karilenia no figuraba en el sistema VioGén. No había órdenes de alejamiento ni antecedentes policiales que alertaran del riesgo que corría. Vivía su infierno en silencio, quizás subestimando la peligrosidad de un hombre de 74 años, o quizás atrapada en un ciclo de dependencia y miedo que le impidió acudir a las autoridades a tiempo.

El Ayuntamiento de Langreo y el Gobierno del Principado decretaron días de luto oficial. Las concentraciones de repulsa tiñeron de morado la plaza del consistorio al día siguiente. El asesinato de Karilenia se sintió como una derrota colectiva; era la prueba de que el año 2025 no traía cambios reales en la seguridad de las mujeres y que el machismo no tiene edad, pudiendo ser letal tanto en manos jóvenes como en las de un anciano.


El detenido, tras pasar a disposición judicial, fue enviado a prisión provisional comunicada y sin fianza por el Juzgado de Violencia sobre la Mujer de Langreo. El juez consideró que existía riesgo de fuga y una claridad probatoria abrumadora gracias a los testigos presenciales y a la detención en flagrancia. Se le imputó un delito de asesinato con alevosía y ensañamiento.

A lo largo de 2025, la instrucción del caso desveló la personalidad controladora del acusado. Los forenses descartaron que sufriera algún tipo de demencia o trastorno cognitivo que anulara su voluntad; sabía perfectamente lo que hacía. Mató a Karilenia porque ella quería terminar la relación o alejarse de su control, un patrón clásico de "la maté porque era mía".

Hoy, en enero de 2026, se cumple casi un año del crimen. La Fiscalía solicita una pena que podría superar los 25 años de prisión, dada la vulnerabilidad de la víctima y la brutalidad del ataque en vía pública. Aunque la avanzada edad del acusado podría plantear debates sobre el cumplimiento íntegro de la pena en un centro penitenciario, la acusación particular lucha para que no haya atenuantes por vejez en un crimen de sangre.

Los hijos de Karilenia siguen intentando reconstruir sus vidas, tutelados por familiares y la administración. El trauma de perder a su madre de una forma tan violenta ha requerido apoyo psicológico constante. Para ellos, el 31 de enero no es solo una fecha en el calendario, sino el día en que su mundo se detuvo.


Sama de Langreo ha vuelto a su rutina, pero en la calle donde Karilenia dio sus últimos pasos, a veces aparecen flores frescas. Son el recordatorio de que la violencia de género es una sombra que puede oscurecer cualquier esquina, cualquier viernes por la noche. Karilenia Charles buscaba un futuro en España, pero encontró el final en el filo de un cuchillo empuñado por quien decía amarla.

Mientras se espera la fecha definitiva del juicio oral para esta primavera de 2026, el nombre de Karilenia encabeza la lista negra de 2025. Su caso nos obliga a recordar que no importa la edad del agresor ni el lugar: cuando el machismo mata, lo hace con la misma ferocidad, dejando tras de sí un silencio que solo la justicia puede intentar romper.

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