Región de Murcia, 16 de febrero de 2026. Todo empezó lejos de una escena con sangre: empezó en un mensaje, en un contacto, en la idea de convertir una vida ajena en un trámite pagable.
Ese día se informó de la detención de una persona por su presunta implicación en un delito de proposición para cometer un asesinato. No era una amenaza al aire: era un encargo.
los datos difundidos, el detenido habría contactado con integrantes de la estructura de la Mara Salvatrucha (MS-13) en España —desarticulada en marzo de 2025— para solicitar un homicidio.
El precio fijado para ese ‘servicio’ fue de 3.000 euros. La cifra tiene algo de escalofriante por lo que dice: que el crimen, para alguien, podía reducirse a una cantidad.
La investigación que llevó a este punto nació de una macrooperación en marzo de 2025, en la que se detuvo a 27 personas en varias provincias. De allí salió el rastro.
En esa operación se intervinieron documentos, dispositivos electrónicos y simbología. Lo importante, a veces, no es lo que se ve en la calle: es lo que queda guardado en un teléfono.
El análisis de ese material permitió identificar comunicaciones y registros que vinculaban al contratante con miembros de la organización. El encargo no era una suposición: estaba escrito.
También se indicó que los implicados habían llegado a identificar a la víctima y que contaban con un plan concreto de ejecución. No era improvisación; era calendario.
La existencia de una amenaza real e inminente contra la vida del objetivo obligó a adelantar el dispositivo de detenciones. En esa frase cabe todo: el tiempo que quedaba era poco.
En la operación fue detenida una segunda persona, aunque tras declarar quedó en libertad. En estas historias, no siempre todos quedan del mismo lado del juez.
El detenido principal fue puesto a disposición judicial y se decretó su ingreso en prisión. No es el final del relato, pero sí el corte de un plan que ya estaba en marcha.
En la calle, estos casos casi nunca se notan hasta que revientan. Por eso la palabra ‘prevención’ suena fría… hasta que se entiende lo que se evitó.
El detalle que queda clavado es el mismo: 3.000 euros, un objetivo identificado y un plan. Como si la muerte pudiera pedirse con instrucciones.
Murcia, febrero de 2026: no hubo un disparo que contar, pero sí una amenaza que, se informó, era lo bastante real como para acelerar detenciones. Y eso, a veces, es la diferencia entre una noticia y una tragedia consumada.
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