El “tronista” acorralado en la noche de Torrent: así fue el caso de Dani Menjíbar


La madrugada del 11 de julio de 2020, la zona de ocio del Centro Comercial Las Américas, en Torrent (Valencia), empezaba a bajar el volumen. Era casi la hora de volver a casa cuando un grupo de cinco jóvenes, dos de ellos menores, se cruzó con un hombre de 31 años que muchos recordaban de la tele: Daniel “Dani” Menjíbar, exconcursante de Mujeres y Hombres y Viceversa. Minutos después, aquella coincidencia en un pub de karaoke se convertiría en una persecución, una encerrona y un crimen que todavía hoy resuena como el caso Dani Menjíbar, el “tronista” que no pudo escapar de una noche que se transformó en cacería. 

Antes de ser un titular sobre sucesos, Dani Menjíbar era un chico de Torrent al que la televisión le había dado un rato de foco. En 2010 apareció en el plató de MYHYV como pretendiente, y más tarde se sentó en el trono del programa, uno de esos rostros que los espectadores asocian a sonrisas, citas y discusiones televisadas. Fuera de cámaras, su vida era mucho más normal: familia, amigos, noches en la zona de copas de su localidad y un presente que ya no se parecía al brillo de la tele, pero seguía teniendo esa mezcla de fiesta y rutina que define a tantos treintañeros. 

La noche del 10 al 11 de julio de 2020 arrancó como tantas otras en Las Américas, un complejo de ocio con pubs, karaokes y terrazas al aire libre. Sobre las 3:20 de la madrugada, Dani entró en el Nou Skape-Karaoke, un local de copas de la zona. Allí estaban también dos jóvenes de 18 y 20 años, acompañados por dos mellizos de 16 y una quinta persona. Los cinco llevaban rato encadenando bares en el centro comercial cuando se cruzaron con el exconcursante. Algunas miradas, algún gesto, ese ambiente espeso que se puede cortar con las manos cuando alguien decide convertir una noche cualquiera en un ajuste de egos. 


Según la sentencia, en el interior del Nou Skape se cruzaron palabras que nadie ha podido reconstruir con exactitud, pero que sí dejaron claro algo: la tensión estaba servida. No hay constancia de una pelea a golpes dentro del bar, pero sí de un ambiente cada vez más agresivo. Tanto que, poco después, el personal del local decidió cortar por lo sano: si el tono sube, todos a la calle. Aquello que tantas veces se queda en empujones y gritos, esa noche decidió seguir su propio guion. 

Una hora más tarde, ya en la zona de terrazas, el grupo volvió a cruzarse con Dani. Uno de los menores se acercó a él y le lanzó el primer golpe. Lo que podía haber sido un empujón aislado se convirtió en inicio de pelea. Los testimonios coinciden en algo doloroso: Dani intentó calmar los ánimos, separar, bajar el tono. No lo consiguió. La sentencia describe cómo, viendo que la situación se desbordaba, decidió echar a correr. Esa carrera desesperada, en plena madrugada, es el punto exacto en el que el miedo se hace real: cinco contra uno, insultos detrás, pasos cada vez más cerca. 

La persecución atravesó la zona de ocio hasta unas escaleras. En la huida, Dani cayó y recibió golpes y puñetazos mientras intentaba levantarse. A pesar de la paliza, logró rehacerse y siguió corriendo, buscando un hueco de salida. No lo hubo. Los dos mayores de edad y los otros tres jóvenes le dieron alcance de nuevo, ya lejos del ruido del pub, en la calle, justo donde las cámaras no alcanzan y la noche parece más larga de lo que es. Lo que ocurrió a continuación ya no fue una simple reyerta: fue un ataque coordinado. 

Cuando lo inmovilizaron sujetándole el brazo izquierdo, uno de los agresores blandía un arma blanca. Según el relato judicial, le asestaron dos heridas profundas: una en la espalda y otra en la zona del corazón. Esa segunda lesión provocó una hemorragia interna fulminante. Los servicios de emergencia llegaron rápido, con una unidad de soporte vital y un SAMU, pero solo pudieron certificar la muerte en el lugar. Una noche de copas, una discusión absurda, una carrera para salvarse… y un cuerpo sin vida en el asfalto, rodeado de coches de policía y cintas amarillas que llegaban demasiado tarde. 


Mientras los sanitarios trabajaban a oscuras entre luces azules, la Policía Nacional y la Policía Local de Torrent activaban un dispositivo exprés. En pocas horas, cuatro personas estaban detenidas: los dos jóvenes de 18 y 20 años y los mellizos de 16. Una quinta persona fue identificada. La zona de Las Américas quedó acordonada, se rastreó cada rincón y, entre unos matorrales, aparecieron las navajas que la sentencia considera el arma utilizada, limpiadas a toda prisa y ocultas como si el delito pudiera enterrarse con unas ramas. 

La noticia corrió como un incendio. “Matan a un exconcursante de Mujeres y Hombres y Viceversa en Torrent”, titulaban los portales a las pocas horas. Fotos de Dani sonriendo en Instagram, vídeos de su etapa en el programa, mensajes de excompañeros de plató y usuarios que mezclaban morbo y tristeza en los comentarios. Mientras España se enteraba de que un rostro televisivo había muerto en una pelea de madrugada, su familia se enfrentaba a algo mucho más brutal: reconocerle, asumir que no había hospital ni recuperación posible, empezar a preparar un entierro que nadie debería organizar para un hijo de 31 años. 

La investigación fue rápida, pero el proceso judicial fue otro cantar. El caso pasó a la Audiencia Provincial de Valencia con jurado popular. La Fiscalía habló de un ataque en grupo, de una “manada” que persigue a su presa hasta darle alcance, y pidió más de una década de prisión para los mayores de edad, mientras los menores eran juzgados en un procedimiento aparte. Las defensas intentaron rebajar la responsabilidad, alegando pelea, consumo de alcohol y falta de intención de causar un desenlace mortal, como si las dos heridas con arma blanca en el cuerpo de Dani no hablaran ya por sí mismas. 


En marzo de 2022, el jurado declaró culpables a los dos acusados adultos del delito de asesinato, al considerar probado que habían actuado en grupo, habían perseguido a Dani cuando huía y habían usado un arma blanca en una posición de total superioridad numérica.  La Audiencia les impuso 17 años de prisión a cada uno, mientras que la responsabilidad de los dos menores se abordó en la jurisdicción de menores. El Tribunal Superior de Justicia de la Comunitat Valenciana confirmó la sentencia en apelación, cerrando la puerta a rebajar los hechos a una simple pelea. 

Los condenados recurrieron al último escalón: el Tribunal Supremo. Alegaron vulneración de la presunción de inocencia, errores en la valoración de la prueba y defectos formales en las preguntas al jurado. En abril de 2023, la Sala de lo Penal fue tajante: confirmó íntegramente los 17 años de cárcel para cada uno, avaló la reconstrucción de la Audiencia de Valencia y subrayó que no estaba ante una broma que se va de las manos, sino ante una persecución en grupo que termina en una agresión mortal con arma blanca. No había lugar para la duda razonable. 

Con la sentencia firme, el caso Dani Menjíbar quedó jurídicamente cerrado, pero socialmente abierto. Muchos se quedaron con la etiqueta fácil del “tronista muerto a cuchilladas”; otros vieron algo más profundo: la lógica de la manada en versión nocturna, cinco personas que convierten un roce de bar en una caza humana, golpes a alguien que ya huye, remate cuando está inmovilizado. En medio de todo, un detalle que da escalofríos: nadie consiguió parar aquella espiral a tiempo. Ni los amigos, ni los otros clientes, ni la propia víctima, que hizo lo único que le quedaba por hacer: correr.


Hoy, el nombre de Dani Menjíbar aparece en reportajes sobre violencia en el ocio nocturno y en debates sobre hasta qué punto el alcohol, el grupo y el impulso de “no quedar por debajo” pueden convertir a chavales de 18 o 20 años en agresores capaces de acabar con una vida en segundos. Pero para su familia, sus amigos y quienes lo conocieron lejos de platós y titulares, el caso no se resume en una sentencia ni en una cifra de años de prisión. Es la silla vacía en reuniones, las fotos que ya no se hacen y ese pensamiento que atraviesa cualquier madrugada: ¿cuántas peleas más se están calentando ahora mismo en una barra, en una terraza, en un karaoke como aquel, a la espera de que alguien decida perseguir en lugar de respirar hondo y dar media vuelta?

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